Sindrome de peter pan, cuando tu pareja no quiere crecer

Crecer y madurar es ley de vida. En ocasiones, hay personas que se niegan a hacerlo y que sufren el síndrome de Peter Pan. ¿Eres una de ellas?

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Madurar es parte del desarrollo natural de los seres humanos, pero no por ello significa que sea sencillo. Hay jóvenes que “nunca consiguen crecer” y que se niegan a aceptar las responsabilidades de los adultos. Estos jóvenes padecen lo que se conoce comúnmente como el síndrome de Peter Pan.

¿Qué es el síndrome de Peter pan?

Es un síndrome que hace referencia a adultos con una gran inmadurez emocional, que se comportan como niños o adolescentes, no se comprometen y se niegan a aceptar las responsabilidades que conlleva ser adulto.

¿Cómo sé si mi pareja es un Peter Pan?

  • Tiene un comportamiento infantil/adolescente a pesar de haber pasado los treinta.
  • Allí donde va, necesita ser el centro de atención.
  • Socialmente puede llegar a ser un líder, apreciado por su capacidad para divertirse y amenizar el ambiente, pero en la intimidad despliega su parte exigente, intolerante y desconfiada, “un líder fuera y un tirano en casa”.
  • Su enorme “yo” no le deja espacio mental para ponerse en el lugar del otro.
  • Tiende a ser egoísta y con algún punto narcisista.
  • Su actitud se centra en recibir, pedir y criticar, y no se molesta en dar o hacer por los demás.
  • Es vanidoso y arrogante, se siente superior a los demás tanto física como intelectualmente.
  • Se enfada desproporcionalmente cuando no le das lo que pide, no le sale algo bien o le criticas.
  • Vive centrado en sus problemas sin preocuparse demasiado por lo que le sucede a quienes le rodean.
  • Continuamente está insatisfecho con lo que tiene, pero pretende conseguirlo todo sin que le suponga ningún esfuerzo.
  • Entiende el compromiso como un obstáculo para la libertad.
  • No se responsabiliza de sus actos sino que pretende que otros lo hagan por él.
  • Culpa a los demás por lo que no le va bien.
  • Se esconde detrás de excusas o mentiras para disimular su incapacidad para crecer.
  • Idealiza la etapa de la juventud y se siente muy atraído por todo lo que la rodea.
  • No se compromete, ni quiere evolucionar como pareja.
  • No acaba de encontrar su sitio en el mundo laboral.
  • Establece relaciones afectivas superficiales. 
  • Le costó o le cuesta independizarse de sus padres.

¿Qué hay detrás de esa fachada?

  • Miedo a sufrir: asocian la responsabilidad de la vida adulta con el sufrimiento.
  • Baja tolerancia a la frustración: creen merecerlo todo “por obra divina”.
  • Baja autoestima: tienen un ego muy frágil que no permiten que sea tocado ni modificado, por ello si los criticas se enfadan mucho.
  • Preocupación por el qué dirán: se esfuerzan por despertar la admiración y el reconocimiento de la gente que los rodea para mantener su autoestima. Tienen temor a no ser queridos o aceptados por los demás.
  • Sentimientos de soledad: pueden parecer despreocupadas y felices, pues viven según la máxima del Carpe Diem, pero al indagar un poco en su vida o persona, aflora un terrible miedo a la soledad.
  • Dependencia emocional: suelen parecer personas muy independientes y autónomas por su desconexión emocional con los que le rodean, pero la realidad es que necesitan a su lado a otra persona que satisfaga sus necesidades y les haga sentir protegidos. Esta persona que se encarga de satisfacerle generalmente son los padres, hermanos mayores o la pareja.
  • Dificultad para asumir roles: se desentienden de las exigencias del mundo real escondiéndose en un mundo de fantasía, en su País de Nunca Jamás. Atrapados en él, no pueden desarrollar los roles que han de asumir, como el de padre, pareja o profesional, tal y como se espera en la adultez.
  • Sentimientos de incomprensión: les resulta difícil darse cuenta de su problema e ignoran que lo padecen hasta que se da alguna situación crítica y se dan cuenta que su forma de comportarse y enfrentar el mundo no es efectiva o es anómala respecto a la del resto de sus iguales.

¿Cuáles son sus causas?

  • Jóvenes que han tenido una vida muy permisiva, feliz y despreocupada, a los que sus padres han intentado salvarles de responsabilidades, que no han tenido límites en su educación y que no se les ha educado en la cultura del esfuerzo. En este caso, el síndrome busca perpetuar los momentos felices viviendo una infancia constante que la persona se niega a superar.
  • Aquellos que han tenido una infancia infeliz y sin afecto, criados por padres que no les han proporcionado reconocimiento de los logros, que no han podido sentirse satisfechos con lo que hacen y que no ha podido labrar un “yo seguro” porque nunca han sabido qué está bien y qué no porque no han tenido esa referencia en sus padres. En este caso la función del síndrome es recuperar la infancia robada desde la libertad que otorga ser adulto.

¿Qué consecuencias tiene?

  • Importantes alteraciones emocionales: altos niveles de ansiedad y tristeza, pudiendo derivar en cuadros de depresión.
  • Dificultades relacionales: debido a la falta de compromiso y a la gran exigencia con los demás, pueden llegar a quedarse solos y aislados del mundo social.
  • Baja autoestima: al no asumir la responsabilidad de sus actos, tampoco sienten sus logros como suyos y nunca llegan a sentirse realizados con su vida.

Sabías que….

¿Existe el Síndrome de Wendy y que además, suelen sufrirlo las parejas de “Peter Pan”? Éste hace referencia a personas que intentan satisfacer siempre las necesidades de su pareja, asumiendo todas las responsabilidades que el otro no quiere y olvidándose del cuidado de su propia persona en beneficio de esa otra parte.

 

Mireia Galán - Especialista en Psicología Clínica y Psicoterapeuta familiar y de pareja - Psicóloga consultora de Advance Medical

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