Síndrome de desgaste por empatía

La auténtica empatía es, pues, sentir lo que el otro siente, pero tal y como él piensa y como él es.

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Sin duda, la empatía es una cualidad muy valiosa, pero ¿qué pasa cuando nos metemos en tantos zapatos ajenos o durante tanto tiempo que ya no sabemos cómo volver a nuestros propios zapatos? Posiblemente estemos sufriendo el síndrome de desgaste por empatía.

¿Has escuchado alguna vez aquello de “meterse en los zapatos del otro”? Viene a referirse a lo que habitualmente entendemos por empatía, una cualidad fundamental en las relaciones humanas que implica comprender la vida emocional de la otra persona, entrar en su mente y sentir lo que siente. Eso sí, no desde el punto de vista propio, sino desde el punto de vista del otro.

¿Qué es el desgaste por empatía?

El síndrome de desgaste por empatía (SDE), también llamado síndrome de fatiga por compasión fue propuesto por Figley en 1971, cuando estudiaba los efectos de la guerra del Vietnam en médicos y enfermeros de la Marina estadounidense. La mayoría tenían sentimientos de culpa y tristeza por no salvar o no haber podido ayudar más a sus pacientes. Estos recuerdos generaban posteriormente muchos problemas psicológicos. ¿En estos casos, debo acudir al psicólogo?

El SDE hace referencia a las emociones, pensamientos y conductas resultantes de empatizar profundamente con eventos dolorosos y traumáticos experimentados por otra persona. Puede aparecer súbitamente o ir desarrollándose progresivamente.

Se caracteriza por tres tipos de síntomas:

  • Re-experimentación: recordar repetidamente con una alta emocionalidad. Rumiación, flashbacks…
  • Evitación y embotamiento afectivo: distanciamiento físico y afectivo de las personas (no sólo de quienes han padecido los eventos traumáticos) y de los lugares o situaciones que recuerden los hechos. Sobrecarga emocional, irritabilidad, sentimientos de impotencia, etc.
  • Hiperactivación (hiperarousal): estado de alerta y tensión permanente. Reacción extrema a pequeños estímulos, fatiga, ansiedad, sentimientos de culpa o vergüenza, insomnio, dificultades de concentración…

Todos estos síntomas son idénticos en el Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT). La única diferencia entre el TEPT y el SDE es que en el TEPT la persona es quien ha sufrido el trauma y en el SDE los hechos traumáticos los ha vivido otra persona con la que hay una potente conexión emocional.

¿Quién sufre el síndrome de desgaste por empatía?

El SDE se manifiesta fundamentalmente en los profesionales que brindan atención a las personas que sufren. Por ejemplo, en personas traumatizadas por guerras, desastres naturales, terrorismo, víctimas de delitos violentos, etc. Así pues, entre las profesiones que más suelen padecerlo encontramos:

  • Médicos, enfermeros y otros profesionales sanitarios.
  • Trabajadores sociales, educadores sociales, y otros agentes sociales (p.ej. personal de comedores sociales, puntos de encuentro para menores, etc.)
  • Voluntarios de algunas ONGs. 

¿Cómo gestionarlo?

Antes de nada, cabe señalar que el SDE es una consecuencia natural y predecible en los profesionales que desarrollan un alto grado de contacto y compromiso con pacientes o clientes, pero sobre todo es importante remarcar señalar que es prevenible y tratable. Algunas recomendaciones fundamentales:

  • Importancia de la formación continuada, sobre todo en lo que respecta a la resiliencia (capacidad para resolver situaciones traumáticas), manejo del estrés, habilidades comunicativas, gestión de conflictos, aprender a pedir perdón, etc.
  • Trabajar en red siempre que sea posible o pedir apoyo. Mantener un clima laboral propicio. Supervisar profesionalmente el caso si es necesario.
  • Autoconsciencia: trabajar cuestiones personales de nuestro pasado que pueden reverberar con hechos traumáticos de otros.
  • No sacar conclusiones precipitadas que tengan que ver con nuestra valía profesional y personal, sino redefinirlo como parte de nuestro desarrollo.
  • Aceptar nuestras limitaciones, no caer en sentimientos de omnipotencia o posición de “salvador”.
  • No sobrecargarse de trabajo o asumir casos que no se puedan manejar efectivamente.
  • Potenciar el sentido del trabajo.
  • Saber reconocerse y recompensarse.
  • Potenciar autocuidado y tiempo libre.
  • Buscar recursos añadidos: mindfulness, meditación, retiros especializados, escritura reflexiva…
  • Prevención: aprender a detectar inicialmente nuestras propias señales individuales de que algo nos está sobrepasando para poder abordarlas.

Cristina Agud – Especialista en Psicología Clínica – Psicóloga consultora de Advance Medical