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Miedo a salir de casa

Aunque estos días en casa has clamado mil veces por un rato de sol, ahora que por fin se puede, no entiendes muy bien por qué, pero sientes miedo a dar el paso.

Miedo a salir de casa tras el confinamiento

Pese a las ganas iniciales de salir de casa, son muchos los que están sintiendo angustia o ansiedad al poner un pie en el exterior.

¿Por qué nos da miedo salir de nuevo a la calle?

  • Sobreexposición a noticias: el bombardeo de información puede generar incertidumbre, una sensación que fácilmente deriva en miedo, al vivir con el minuto a minuto una situación que va para largo plazo.
  • Protagonismo de lo malo: focalizar la mirada exclusivamente hacia lo malo (número de contagiados, fallecidos, problemas económicos, la soledad, etc.), favorece entrar en bucle con pensamientos catastróficos que nos vaticinan lo peor, y nos infunden el miedo a volver a salir.
  • Haber vivido experiencias negativas relacionadas con el virus: quienes han sufrido vivencias difíciles estos días, pueden sentir un incremento del temor por volver a salir a la calle, pues la realidad del contagio está más presente.
  • Cambio de creencias: de un tiempo atrás, hemos recibido argumentos por todas partes que nos dicen que el peligro está fuera y por ello debemos permanecer confinados. Revertir esta creencia, para muchos resultará difícil.

Aunque el estrés y la ansiedad comparten síntomas similares, en realidad son procesos psicológicos distintos.

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¿Quiénes son los más afectados por el miedo a volver a salir de casa?

A pesar de que este problema afecta a gente de diferentes edades, hay colectivos que son más vulnerables:

  • Personas mayores, por el estigma social de que son los que más mueren y, por tanto, parece que están más cerca de contagiarse y no poder recuperarse.
  • Adolescentes, porque son muy sensibles a las miradas de los demás y mantener la distancia social les puede hacer sentir incómodos. A los adolescentes les gusta estar fuera de la mirada y por eso escogen sitios como parques donde nadie puede verlos, sitios oscuros donde poder tener intimidad y privacidad, etc., pero ahora se sienten observados, la policía está en todas partes y el entorno vigila con precaución.
  • Los niños pequeños, por la capacidad de imaginación utilizada al servicio de comprender la situación. Entre los pequeños hay algunos que el día 26 de abril se negaron a salir, piensan que el coronavirus es alguien que está por ahí dando vueltas o un monstruo que les puede atacar.
  • Personas hipocondriacas, por el aumento de la paranoia, puesto que para estos colectivos si les duele la tripa creen que tienen un cáncer, si se les duerme una pierna creen que es una parálisis, y si sienten cualquier cosa al salir a la calle directamente lo relacionarán con estar contagiados.
  • Los que viven solos al desacostumbrarse al contacto. Quienes no comparten hogar con otras personas, no han podido acostumbrarse a la nueva forma de socializar, y por ende, pensar que no pueden ser ellas mismas si no pueden abrazar, tocar o besar. Enfrentarse a salir a la calle sintiendo que no pueden jugar sus reglas sociales, puede generarles ansiedad.

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Claves para disfrutar de nuevo de las salidas

Lo primero que debes saber es que sentir algo de miedo cuando llevamos tantas semanas asumiendo que hay una amenaza invisible por todas partes de la que nos tenemos que proteger es totalmente normal, no se trata de una patología, siempre que no sea algo incapacitante o bloqueante.

  • Mantén la mente en el presente: cada vez que vayas a salir a la calle, no es necesario que hagas una evaluación de todo el contexto económico, social, sanitario, etc., sino que te limites a pensar en que vas a dar una vuelta a la manzana. Parece algo mucho más solemne por las circunstancias que lo rodean, pero no pasa de eso y conviene recordarlo.
  • Cómodo y seguro: piensa bien tu indumentaria y no precisamente para lucir tu último modelito. Ponte ropa cómoda (que después te quites con facilidad al entrar en casa para ponerla a lavar), recógete el pelo, prepárate la bolsa con lo imprescindible para salir (monedero, jabón hidroalcohólico y llaves), acomódate la mascarilla y sal relajado. Lo importante es que tu vestimenta no sea un impedimento para que disfrutes del paseo.
  • Empieza poco a poco: no se trata de pasar de cero a cien. Si no hemos salido de casa en todo este tiempo, tampoco es necesario que el primer día salgamos durante una hora. Empieza por salir unos minutos y poco a poco ves alargando a medida que te sientas mejor, o incluso siéntate un rato en un banco hasta que te vayas acostumbrando de nuevo a las sensaciones del exterior. Esto en psicología se conoce como Desensibilización sistemática, una técnica utilizada para reducir el miedo y la ansiedad fóbica del paciente acercándolo poco a poco al temor.
  • Elige bien el recorrido: no sólo porque deba ser un kilómetro a la redonda, sino porque podemos coincidir con más o menos gente según la zona que elijamos. Si elegimos bien, evitaremos situaciones de nervios y aumentará nuestra sensación de control. También puedes plantearte el paseo como un recado, marcar un punto hasta donde llegar y después regresar.
  • Busca distracción para el momento: aunque debamos estar atentos de no tocar nada, podemos distraernos de los pensamientos negativos con algunos recursos. Escucha música, la radio, sal a pasear con alguien de tu núcleo familiar o aprovecha para hacer una llamada a un amigo.

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