Llorar sin complejos. No reprimas el llanto

Toda la vida escuchando frases como “llorar es de débiles”, “¡qué vergüenza! controla tus emociones en público” o “los hombres no lloran” ha hecho que acabemos reprimiendo las lágrimas como muestra de fortaleza.

Reprimir las ganas de llorar

Llorar abiertamente no está bien visto socialmente, se relaciona con debilidad y vulnerabilidad, y al estar asociado a emociones negativas como la tristeza, la rabia o la ira, a nuestra mente perfectamente lógica y racional le resulta difícil concebir que pueda resultar beneficioso o guarde alguna relación con el bienestar.

Pues se acabó. Es bueno llorar. Sobre todo, si son lágrimas emocionales, aquellas que brotan cuando nos rompemos en mil pedazos.

¿Por qué es malo aguantar las ganas de llorar?

No poder expresar nuestro malestar, tristeza o frustración, sintiéndonos obligados a reprimir las ganas de llorar, hace que las emociones se enquisten en el inconsciente y desde allí, ejerzan una influencia negativa que afecta a nuestro bienestar. Es entonces cuando el cuerpo, empieza a enviar señales de que existen emociones que no están siendo atendidas, y notamos ese malestar que no sabemos dónde situar. De hecho, un estudio realizado en la Universidad de Stanford descubrió que las personas que suelen reprimir sus emociones reaccionan de manera exagerada ante la presión y el estrés. Lo que significa que, esa “calma aparente” en realidad no es buena para nuestro equilibrio mental.

Beneficios de llorar sin complejos

  • Llorar nos conecta a los demás. La tristeza y su expresión más universal, las lágrimas, es una emoción aglutinadora. Cuando estamos tristes, somos más vulnerables y eso nos permite conectar mejor con los demás para hallar la ayuda que necesitamos, solicitar cuidados, atención y confort. Piensa en los bebés cuando lloran, ¿a qué te apetece achucharlos?, pues a los mayores nos pasa igual.
  • Llorar nos “desnuda” frente a los demás, y ese nivel de exposición tan íntimo genera vínculos muy estrechos con las personas que están a nuestro lado, pues les permite empatizar. Cuando la aflicción es tan grande que no hay palabras para expresarla, el llanto es el vehículo comunicativo más eficaz para que el entorno comprenda cómo nos sentimos. ¡Ojo! Cuando las personas lloran en un ambiente frío, en el que las emociones están mal vistas o incluso vetadas, el llanto puede empeorar el estado de ánimo, sumando emociones como la vergüenza y la sensación de que se invalida lo que se está sintiendo.
  • Disminuye el estrés. En la primera fase del llanto, cuando éste inicia, el ritmo cardíaco aumenta notablemente. Inmediatamente después, se reduce de forma notoria entrando en un ritmo de mecedora involuntario que va tranquilizando nuestro ser. Las lágrimas emocionales contienen niveles elevados de corticotropina, una hormona que el cuerpo segrega en situaciones de estrés. Al evacuarlas con las lágrimas, impedimos que los niveles de estrés lleguen a paralizarnos y hace que nos sintamos más serenos.
  • Alivian el dolor. Las lágrimas emocionales llevan leucina encefalina, un tipo de endorfina que actúa como analgésico natural y que reduce el dolor tanto físico como emocional.
  • Nos ayuda a pensar con claridad. Cuando terminamos de llorar, nuestra mente se encuentra más despejada y nos permite analizar la situación desde otro prisma. Esto se debe a que nuestras emociones se han equilibrado y nuestra mente racional está preparada para entrar en acción.

Falsas creencias sobre el llanto

  • “Es mejor no llorar para no preocupar a los demás”: las personas que bien nos conocen no necesitan de una expresión tan evidente como llorar para detectar que no estamos pasando por nuestro mejor momento. Al reprimir las lágrimas, y con ellas el acompañamiento verbal que explica el motivo, conseguimos que el otro se preocupe más, al intuir que nos sucede algo y no saber el qué. De este modo, perciben como su persona querida sufre, sin conocer la razón y culpándose por no saber qué hacer. Pregúntate… ¿Cómo sufrirías más, si intuyes que a tu hijo le pasa algo, pero no sabes el qué? O ¿si ves que le pasa algo, llora y te explica el motivo?
  • “No llores que te pondrás peor”: como ya hemos explicado antes, el llanto es catártico, baja los niveles de estrés, las emociones se equilibran, nos permite dar otro enfoque a las cosas y además nos conecta con los demás. Ver llorar a alguien y aconsejarle que pare tiene más que ver nuestra angustia e incapacidad para saber sobrellevar la situación, que con un consejo útil y beneficioso para el otro.

Por tanto, la próxima vez que sientas ganas de llorar, no reprimas las lágrimas. Quizá ese momento es todo lo que necesitas para recuperar la calma, ver las cosas bajo otra perspectiva o simplemente liberarte de las emociones que te están afectando. Y si, por el contrario, ves a alguien llorar, acompáñale en el proceso de liberación y jamás lo reprimas.

  

Mireia Galán

Artículo de Mireia Galán

Psicóloga

Especialista en Psicología Clínica y Psicoterapeuta familiar y de pareja - Psicóloga consultora de Advance Medical

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