Empatía en las relaciones de pareja

La relación entre empatía y relaciones personales satisfactorias es evidente. Aprende cómo ayuda la empatía a fortalecer las relaciones.

Empatía en las relaciones de pareja

Puede que en alguna ocasión no te hayas sentido escuchado por falta de apoyo o comprensión, o quizás sientas que a veces no has sabido atender adecuadamente el estado emocional de la otra persona, tu intuición te dice que es posible que estas situaciones hayan provocado el distanciamiento de vuestra relación. Pues estás en lo cierto, entre empatía y relaciones personales satisfactorias existe una estrecha relación.

¿Qué es la empatía?

La palabra empatía procede del término griego “empátheia” que significa “dentro de él” y hace referencia a la capacidad de ponerse en el lugar del otro y comprender su vida emocional. Esto no significa que necesariamente debamos compartir con el prójimo las misma opiniones y argumentos que expone para justificar su reacción, ni tampoco que debamos estar de acuerdo con el modo en como interpreta las situaciones con carga afectiva, la empatía más bien hace referencia a un fenómeno psicológico que consiste en tomar conciencia de que los otros pueden ver y pensar de manera diferente a nosotros.

¿Cómo ayuda la empatía a fortalecer las relaciones personales?

Ser empático requiere de una serie de características que hace que conectemos mejor con los demás y las relaciones se consoliden.

Ser empático implica ser más respetuoso: al hacer el esfuerzo de intentar sentir lo que el otro siente, evitamos caer en prejuicios y comprendemos a las personas desde una perspectiva más integral. “Esta persona me cae mal, necesito conocerla más”. No sentirse juzgado te aproxima a los demás.

Las personas empáticas tienen mejor imagen social: al conectar con el estado interno de los demás, las personas empáticas pueden generar cambios en el estado anímico de los otros y conseguir que reflexionen de una forma distinta a la habitual. Este hecho, provoca que sean vistas como personas carismáticas, inteligentes y llenas de atractivo para los demás.

Los conflictos se solucionan mejor con una persona empática: el ponernos en la piel del otro, enriquece el prisma de la realidad. Nos da la oportunidad de conocer nuevas formas de entender el mundo, nuevas perspectivas, nuevos pensamientos y ampliar el abanico de herramientas para enfrentarnos a los problemas, solucionar los conflictos y negociar y colaborar con los demás.

Las personas empáticas proyectan seguridad: el hecho de intentar ponerse en la piel del otro y entender su problema hace que éste se sienta más cómodo. Y como nuestro autoconcepto depende en gran medida de cómo nos ven los demás, valoraciones como: agradable, respetuoso, que sabe escuchar, que comprende, etc., recaen directamente sobre la autoestima generando una seguridad que otros pueden captar.

Quien es empático disfruta más de las relaciones con amigos, compañeros o familia: hacer el esfuerzo de empatizar con las personas que nos rodean nos permite conocerlos más, comprender lo que les motiva a actuar y entender su mundo interno para conectarlo con el nuestro y así construir una relación de confianza.

¿Por qué a veces nos cuesta empatizar?

Generalmente, es por temor a conectar con las emociones de la persona que tenemos delante. Temor a que éstas nos invadan, a no saber manejarlas y a llevarlas durante todo el día encima. En definitiva, miedo a perder el control de la situación por desborde emocional. Se trata de una maniobra de prevención para no identificarnos con el otro y no perder la objetividad.

¿Qué debo hacer para ser más empático?

  • Aprende a escuchar: desarrolla una escucha activa basada en la atención plena. No interrumpas ni te anticipes a lo que crees que el otro va a decir. Expresa señales de seguimiento activo a modo feedback: mantén el contacto ocular, expresa asentimiento con la cabeza, toca un brazo (si la cultura lo permite) a modo de apoyo o refleja expresiones faciales congruentes con aquello que está explicando. Muestra interés preguntando detalles sobre el contenido de la conversación.
  • Expresa comprensión: no invalides los sentimientos del otro con frases del tipo “Mujer, no llores, si esto al final es una tontería”. Con la buena intención de querer relativizar el asunto, y quitar valor a la emoción que expresa, conseguimos confundir al otro transmitiendo el mensaje de que quizás no es correcto sentirse así por ese motivo. En su lugar, transmite comprensión a través de frases como “Comprendo que actúes así”, “Entiendo cómo te sientes” o “La verdad es que debiste pasarlo fatal”.
  • Modula tu sinceridad: muchas personas se vanaglorian de ser sinceros al cien por cien; pero la realidad es que la sinceridad absoluta, es decir, verbalizar todo lo que pasa por la mente, sin filtro, daña la empatía. Decirle a una persona lo que no necesita oír en ese momento, genera distancia, que no se sienta comprendida o incluso que se ponga a la defensiva. No intentes abrirle los ojos, seguro que ya los tiene abiertos, más bien, ábrele tu corazón.
  • No ofrezcas consejos ni soluciones: muchas veces nos incomoda que alguien nos esté contando algo y no darle una solución en el momento, pero en realidad la persona no busca soluciones, solo busca sentirse comprendida y escudada. Nuestras soluciones no le valen, nuestros consejos no le sirven, se trata de escuchar. Si tienes un consejo y parece que a la persona le interesa escucharlo, exprésalo como una pregunta inquisitiva, como "¿Has pensado en…?" o "¿Crees que sería de ayuda si hicieras…?". Estos tipos de preguntas reconocen la voluntad de la persona para tomar sus propias decisiones y parecen menos exigentes que si dijeras: "Deberías…”.

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