Consejos para ser buenos padres y madres

Ser padres y madres conlleva una enorme responsabilidad que, además, viene con una dificultad añadida: nadie nos enseñó cómo debemos hacerlo.

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La tarea ser buenos padres y educar a nuestros hijos e hijas supone un proceso de aprendizaje lleno de momentos gratificantes pero también de dudas, confusión y, de vez en cuando, un poco de estrés.

Es fundamental conocer a nuestros hijos e hijas, entender por qué hacen lo que hacen en el momento evolutivo en que se encuentran, y saber de qué forma podemos ayudarles a desarrollar sus capacidades y habilidades en cada momento de la vida.

¿Qué podemos hacer para ser buenos padres y madres?

La respuesta no es sencilla. En principio, podemos decir que buenos padres son aquellos que con sus decisiones cotidianas ayudan a sus hijos a desarrollarse de forma autónoma y plena. Y esto supone:

  • Ofrecerles atención, dando respuesta a su necesidad de amor, calidez y seguridad.
  • Tener paciencia. La educación de nuestros hijos supone tener mucha paciencia, nos encontraremos con situaciones difíciles y debemos actuar de forma racional y con paciencia. De este modo también les estaremos dando ejemplo.
  • Establecer rutinas y darles orientación, porque esas rutinas predecibles y el establecimiento de los límites necesarios les aportan seguridad. Asimismo, hay que establecer límites y 'normas' para que adquieran responsabilidad y autonomía. Debemos aprender a decir 'no' para que aprendan a controlar sus emociones.
  • Escucharles y pasar tiempo con ellos, tiempo de calidad. Juega con ellos, comparte aficiones y enséñale cosas nuevas cada día.
  • Reconocerlos, escuchándolos y valorando cada pequeño paso que van dando en su evolución.
  • Potenciar su sentimiento de competencia, porque eso favorece la autoestima, el control y la autonomía personal.
  • Educarlos en la flexibilidad, con valores, enseñándoles a pensar por sí mismos, con empatía y capacidad de escucha y observación.
  • No mostrar tu temperamento. Evita cualquier tipo de violencia (gritos, cualquier forma de castigo físico o psicológico, etc.)

Demostrarles nuestro amor

Lo mejor que puedes ofrecerles a tus hijos es amor incondicional, una conexión directa. Y esto se demuestra abrazándoles, con un beso o una caricia, etc.
Demostrarle tu amor incluye decirles cada día cuánto les quieres (aunque estés enfadado/a), hacerles saber que siempre les querrás a pesar de cualquier adversidad. No les obligues a comportarse como tú quieres si ellos no están cómodos. Y sobre todo, reconoce su esfuerzo con buenas palabras aunque no hayan dado ese 100%.

Practicar el hábito de elogiar a tus hijos es muy importante para que ellos se sientan capaces de sentirse independientes y dar más de ellos mismos. Por eso, te recomendamos que les elogies más veces de lo que les regañes. Si bien es importante darles un toque de atención cuando hacen algo mal, es igual de importante recordarles lo bueno que hacen. Si tus hijos son muy pequeños, la forma de elogiarles puede ser con un aplauso, una caricia o un grito de "bieeen" con una sonrisa para que asocien ese gesto a algo positivo.

Evita comparar sus comportamientos con otros niños, incluidos sus hermanos. Para bien o para mal, no les compares. Si quieres que mejore, cuéntale lo que conseguirá si lo hace bien, y si por el contrario lo estás elogiando, evita comparar con alguien que no lo ha conseguido para que no se 'crezca'. Evita el favoritismo, intenta ser imparcial.

Padres sobreprotectores

A veces, intentando ser buenos padres, podemos pecar de ser demasiado exigentes y sobreprotectores de nuestros hijos. Esta actitud no permite a los hijos desarrollarse adecuadamente lo que conlleva la incapacidad de manejarse en el 'mundo exterior', ser autónomos o poner en práctica sus habilidades y capacidades. Impide al niño a convertirse en un adulto independiente y socialmente abierto.