Consecuencias emocionales de guardar un secreto

Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos ocultado un secreto o se los hemos guardado a alguien cercano. ¿Por qué guardar un secreto es tan agotador?

Guardar un secreto

Tener un secreto, no siempre tiene por qué ser malo, como cuando un adolescente esconde sus intimidades a sus padres como parte del proceso de construir una identidad diferente a la familiar, o cuando ocultamos los preparativos de una fiesta sorpresa para alguien que apreciamos. Pero, en la mayoría de los casos, guardar un secreto es una actividad agotadora que termina por pasarnos factura tanto a nivel mental como físico. 

¿Por qué guardar un secreto es tan agotador? 

Cuando guardamos un secreto, nuestro cerebro se pone como objetivo ocultar esa información. Y cuando existe un objetivo que cumplir, lo que hace nuestra mente es activarlo cada cierto tiempo de manera automática, para asegurase de que no lo olvidamos, y para aprovechar las oportunidades que se presentan en nuestro camino que nos pueden facilitar el conseguir esa meta. Todo este proceso hace que la mente gravite alrededor de la información ocultada, en un continuo rumiar sobre ello. Porque así funciona nuestro cerebro, tiene por costumbre vagar por las preocupaciones, los problemas no resueltos y los objetivos que nos hemos planteado, y esto supone un desgaste de energía que puede llegar a ser agotador. 

¿Cómo afecta guardar un secreto? 

  1. Cambia la percepción de la realidad: psicólogos de la Tufts University descubrieron que cuando las personas están preocupadas por guardar un secreto, perciben su entorno como más complicado de lo que en realidad es. En el experimento, los participantes cargados de secretos veían las colinas más empinadas, las distancias más largas y creían que las tareas requerían más esfuerzo, que los del grupo control. Este hecho se traduce en que, guardar un secreto, no sólo se convierte en un peso psicológico, sino también en un peso físico que hace que las tareas diarias parezcan más agotadoras. 
  2. Produce ansiedad y estrés: guardar un secreto se convierte en una preocupación que nos atrapa, no únicamente delante de las personas, sino también cuando estamos solos. Retener oculta información no impide que las emociones relacionadas con el secreto surjan, y no atenderlas por falta de poder verbalizarlas provoca que el cuerpo empiece a dar avisos, con ansiedad o estrés, de la necesidad de gestionarlo de un modo diferente. 
  3. Puede acabar en depresión: la mezcla de emociones que se acumulan inconscientemente alrededor del secreto, puede generar depresión a largo plazo. Como consecuencia de la ansiedad mal gestionada, puede venir la depresión.  
  4. Impide superar los traumas: estudios que analizaron casos de mujeres que, tras sufrir una agresión sexual, por vergüenza, culpa u otros sentimientos, eligieron callarlo, concluyeron que sufrían más que aquellas que lo habían compartido con sus seres queridos o habían realizado una terapia. También se estudió a supervivientes del Holocausto de 1989, a quienes se les pidió que relatasen sus experiencias más profundas jamás contadas, y la sorpresa fue, que tras un año, manifestaron sentirse más plenos y mejor físicamente. Y es que, no comentar a nadie el hecho sucedido, podría llegar a ser más dañino que el hecho en sí mismo. De ahí el énfasis de muchas terapias por lograr que las víctimas de episodios traumáticos logren hablar o escribir acerca de lo que han sufrido. 
  5. Nos hace sentir poco auténticos: ocultar información, en muchas ocasiones, implica mentir a personas que nos importan y deteriora nuestra autoimagen. Esto repercute directamente sobre la autoestima, minándola cada vez más mientras el secreto se mantenga. 

¿Cuáles son los secretos más comunes? 

Estudios psicológicos han demostrado que guardamos hasta 38 secretos diferentes, pero estos son los 10 más comunes: 

  • Engañar a la pareja. 
  • Enamorarse de alguien. 
  • Detalles familiares. 
  • Cuestiones económicas. 
  • Comportamientos sexuales. 
  • Haber mentido a alguien. 
  • Traicionar la confianza de alguien. 
  • Robar. 
  • Infidelidad no sexual. 
  • Ambiciones y metas. 

El efecto terapéutico de contar un secreto 

Para evitar las consecuencias psicológicas que conlleva guardar un secreto, se recomienda liberar la carga emocional revelando el secreto a la persona indicada. A una persona totalmente ajena al secreto, o a un profesional, un psicólogo, que te ayude a manejar tus emociones. 

Cuando hablamos acerca de un secreto, empezamos a pensar de manera constructiva, a procesarlo, darle un sentido y a hacerlo realidad. Y únicamente desde la verbalización de lo ocultado, desde el hacerlo real y que no únicamente exista en el plano mental, es desde donde podremos empezar a hacerle frente y que reduzca nuestra preocupación. 

Así que, atrévete a revelar ese secreto que está siendo una carga mental y física para ti, verás que bien te sientes y que nada era tan terrible como pensabas. Enfrenta ese miedo a divulgarlo y haz de ti una persona sin conflictos y secretos. Una vez que te entregues a la verdad verás que el estrés y el dolor irán disminuyendo. 

  

Mireia Galán

Artículo de Mireia Galán

Psicóloga

Especialista en Psicología Clínica y Psicoterapeuta familiar y de pareja - Psicóloga consultora de Advance Medical

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