Conflictos entre hermanos

Todos los padres quieren ver cómo sus hijos se quieren y disfrutan pasando tiempo juntos. Está en la naturaleza de cualquier relación que se desarrollen sentimientos.

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De entre todos los factores que pueden influir en los conflictos entre hermanos, los estudios realizados hasta el momento identifican como destacable el efecto que tiene ocupar un lugar determinado en el subsistema filial. Esto quiere decir la posición que ocupa un individuo entre sus hermanos. Hoy hablaremos de los conflictos entre hermanos como hicimos hace unos días con la cafeína en niños.

Conflictos entre hermanos por el orden de nacimiento

El orden de nacimiento plantea una serie de conflictos entre hermanos según su posición dentro del escalafón familiar:

  • El primogénito: el primero, a menudo sigue la autoconsigna de “tú eres el mayor, el más fuerte, así que tú tienes que ser más inteligente que los demás”. Esto, en muchas ocasiones, le lleva a sentirse responsable de mantener el bienestar de la familia o a continuar con la tradición familiar.
  • El destronamiento: al nacer el segundo hijo, sobre todo si la diferencia de edad es corta, hay muchas posibilidades de que la competitividad y la rivalidad quede inscrita en el estilo relacional de ambos. El desplazamiento que supone el nacimiento de un nuevo bebé, cuando todavía existe un alto nivel de dependencia de la figura materna, puede suponer un trauma que en muchas ocasiones se arrastra hasta la edad adulta.
  • Ejercicio de funciones parentales: si la diferencia de edad entre hermanos es significativa, es habitual que los hijos mayores críen a los pequeños o se encarguen de ellos gran parte del tiempo. Esta dinámica, normalmente, continúa en la edad adulta, y con frecuencia genera conflictos porque los pequeños sienten que los mayores se comportan “como si lo supieran todo”.

 

  • El hermano mediano: para el mediano no hay una expectativa tan clara como para el resto de hermanos, ni tiene los privilegios de ser el mayor, ni la atención de ser el pequeño. Lo que suele suceder es que éste ve triunfar al mayor en algunos campos y le quiere imitar o superar, pero simplemente, por razón de edad, no puede. Tal situación, en muchas ocasiones, le lleva a sentirse fracasado en el empeño de superar al hermano mayor con el que puede querer identificarse.
  • Lucha por obtener un rol en la familia: el hermano mediano debe luchar para que lo tomen en cuenta en el sistema familiar y por tener un espacio propio en el grupo de hermanos. Esto puede provocar que su estilo de vida quede marcado por la competitividad y que los hermanos sean vistos como rivales.

 

  • El hermano pequeño: el pequeño interactúa y se identifica escasamente con los padres, porque puede aprender de sus hermanos, que son figuras con menos distancia generacional y que hablan más su lenguaje. Esto habitualmente les hace sentir más libres y menos cargados por la responsabilidad familiar.
  • Riesgo de quedar atrapado: el hijo pequeño puede ser la “salvación” de los padres cuando los demás hijos se van de casa. La pareja, acostumbrada a funcionar con hijos “de por medio”, se puede sentir vacía y con la amenaza de ruptura. Esta situación puede suponer un gran riesgo para el benjamín, que tendrá más dificultades para elaborar una individuación e independencia sana, quedando triangulado con sus padres, es decir, atrapado entre ellos, porque sabe que su salida del hogar puede provocar malestar y distanciamiento. Tal situación puede generar sentimientos de odio hacia el resto de hermanos, que sí que se han conseguido independizarse y crear su propia vida.

 

  • Los hermanos gemelos: los gemelos nacen en el mismo momento del ciclo vital familiar, con el mismo contexto y las mismas circunstancias. Por lo general, son inseparables durante la crianza.
  • Reclamo de atención: la rivalidad entre ellos puede surgir a lo largo del tiempo en un intento de ser reconocidos y conseguir la atención de los padres.

¿Qué podemos hacer como padres para mejorar los conflictos entre hermanos?

Para mejorar los conflictos entre hermanos, los padres podemos seguir los siguientes consejos:

  • Antes de que el bebé nazca, ayuda al hijo mayor a preparase emocionalmente para que pueda adaptarse al cambio. Explícale lo que va a pasar y asegúrale que tus sentimientos hacia él no cambiarán.
  • Haz ver al hermano mayor que no ha sido sustituido por el pequeño y que sigue teniendo un vínculo especial contigo. Para ello, de vez en cuando, tenemos que pensar en él antes que en el bebé, pues el pequeño puede esperar unos cuantos minutos y el mayor verá que, a veces, él es la prioridad.
  • Involucra al hijo mayor en los cuidados del recién nacido, sin tratarle como una niñera, pero sí compartiendo con él los momentos que quitan su atención, para dársela al pequeño.
  • Evita identificar a tus hijos con ciertos papeles, como el listo, el responsable, el guapo, el bueno, el nervioso… Los niños tienen que experimentar con múltiples papeles mientras crecen, y si lo identificamos con uno ya desde pequeño, es posible que se convierta en eso y sienta envidia del hermano que tiene el papel que él desea y entre en rivalidad.
  • Dedica tiempo y atención de forma similar a los dos. Sobre todo, haz actividades “de mayor”, a solas con el hermano mayor, para que le sea más soportable los momentos en los que no puedes estar por él.
  • Evita las comparaciones, incluso las positivas en las que el niño sale favorecido. A la larga, todas pueden crear hostilidad entre hermanos. Cada uno tiene sus puntos fuertes y sus debilidades y debemos valorar a cada uno de ellos por separado para que no tengan que competir. No tiene sentido compararles todo el tiempo.
  • Escucha las quejas y no las deseches sin más. Para que ambos se sientan comprendidos, debemos escuchar con respeto la versión de cada hijo y luego animarlos a que se escuchen entre sí. Es importante que sean ellos quienes resuelvan sus conflictos y que nosotros actuemos como mediadores.
  • Anima a tus hijos a demostrar cariño a sus hermanos. Deja que el mayor le lea un cuento a su hermanito antes de acostarse, sugiere al pequeño que le dé a su hermana mayor un beso cuando ésta llora, etc.

La clave para que muchas de las rivalidades que aparecen en la relación entre hermanos desaparezcan es que cada hijo se sienta valorado como un individuo dentro de la familia.

Mireia Galán – Especialista en Psicología Clínica y Psicoterapeuta familiar y de pareja – Psicóloga consultora de Advance Medical