¿Cómo afrontar la pérdida de un ser querido?

Es normal que después de la pérdida de un ser querido nos preguntemos a nosotros mismos si el dolor que sentimos perdurará o si, por el contrario, podremos volver a retomar las riendas de nuestro día a día como seguramente lo hacíamos antes de lo ocurrido. 

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La pérdida de un ser querido puede sumirnos en un estado de tristeza, llegando incluso a la depresión. Aceptar la realidad, trabajar las emociones, adaptarse, recolocar emocionalmente al fallecido, y en suma continuar viviendo, son tareas que tendremos que abordar.

Las tareas de Worden

El psicólogo William Worden (1997) describe el desarrollo del proceso de duelo como tareas que debemos afrontar:

  • Aceptar la realidad de la pérdida: 
    • Es muy difícil llegar a asimilar una pérdida de alguien cercano. En el primer momento entramos en una fase de negación donde no aceptamos la realidad o hasta puede que neguemos el significado de la misma pérdida, restándole importancia o hasta evitando situaciones u objetos que nos la recuerden. Por esta razón, los rituales como el funeral nos ayudan a aceptar la irreversibilidad de la muerte, aceptando, de un modo indirecto, la pérdida.
  • Trabajar las emociones y el dolor de la pérdida: 
    • Es normal que intentemos evitar la rabia o la tristeza para no sufrir o para hacernos más fuertes de cara al exterior, sin embargo, esta negación del dolor aún puede provocar más sufrimiento. Por ello, es importante reconocer y trabajar el dolor, permitir sentirlo y exteriorizarlo (si lo retenemos, seguramente alargaremos el proceso de duelo), teniendo en cuenta que cada uno de nosotros experimentamos el dolor con una intensidad distinta. Así pues, hay que identificar aquellos sentimientos que nos causan el dolor tales como la angustia, la ira, la culpa y la soledad para manifestarlos.
  • Adaptarse a un medio en el que el fallecido está ausente: 
    • A las semanas de perder un ser querido, es posible que empecemos a ser conscientes de todos los roles que desempeñaba la persona fallecida. También es posible que tomemos consciencia de cómo ha afectado la pérdida a nuestra propia entidad ¿nos seguiremos definiendo igual a nosotros mismos, después de la pérdida? Por último, la pérdida también puede que redefina nuestras creencias espirituales o nuestros valores, e incluso la visión que tenemos de nuestro entorno. Por estas razones, es importante asumir los roles poco a poco y con la ayuda de alguien que también los conociera, como un amigo o familiar del mismo núcleo donde se encontraban dichos roles. Esto supondrá seguramente desarrollar nuevas habilidades y seguir adelante con un nuevo sentido de nosotros mismos y del mundo que nos rodea.
  • Recolocar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo: 
    • Se trata de encontrar un lugar donde ubicar al fallecido en nuestro interior, manteniendo un vínculo que nos sea cómodo y nos permita continuar hacia adelante. Para ello es importante no quedarse siempre en el pasado e intentar construir un nuevo presente sin renunciar a nuestros vínculos con la persona fallecida.

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