Yo y mi Asperger

Hoy es el día del síndrome de Asperger. Estudios dicen que afecta de 3 a 7 personas de cada 1.000. Unos 35 millones de personas alrededor del mundo lo padecen y conviven con él para intentar tener un sitio en nuestra sociedad actual.

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Si nos vemos algún día, puede que te mire a la boca o a la nariz pero nunca lo haré a los ojos. Es probable que si hablamos de un tema que no domino demasiado solo crucemos unas pocas palabras. Pero podría darte una conferencia durante horas y horas sobre la fisión nuclear, la sociedad asiática, el rock de los 60 y sobre todos los insectos que habitan la tierra y el número de patas de cada uno. Entre otras cosas, claro. No verás expresión alguna en mi rostro. Soy algo pedante y quizás, nunca te coja cariño.

No es fácil convivir con el síndrome de Asperger, pero con el tiempo, aprendes a dominar ciertos aspectos y puedes llegar a tener una vida normal, con familia, hijos y esas cosas.

Recuerdo mi infancia con nostalgia, a pesar de que en ciertas etapas de ella sufrí bullying. Es muy típico en los niños con Asperger. Se percibe que eres el niño raro de la clase y eso, todos sabemos que es caldo de cultivo para los matones del cole. En la guardería no me relacionaba con nadie, me costaba comprender las reglas de los juegos, desordenaba y a continuación ordenaba las cosas de los lugares por donde pasaba, siempre quería ganar, aprendí a leer y escribir a una edad muy temprana y sin apenas ayuda, en la mayoría de ocasiones jugaba en soledad, me convertía en personajes como Batman o Superman y me inventaba cientos de historias alrededor de ellos. No le hacía demasiado caso a los típicos juguetes de niños,  coleccionaba tebeos y revistas y por aquel entonces comenzó mi gran afición a la música sobre todo al rock.  ¡Ah! y empecé con mi programa de rutinas que me acompañaría toda la vida, aunque con los años aprendería a darle cierta flexibilidad.

Me saqué la carrera de periodismo. Siempre he escrito todo lo que me ha ido sucediendo a lo largo de mi vida. La verdad es que me aburría mucho en la universidad. Podía haberme sacado la carrera en dos años pero tampoco era plan, me hubieran mirado raro, aunque para aquel entonces ya estaba acostumbrado.

Allí conocí a mi actual mujer. Cuánto me ha ayudado. Gracias a ella descubrí el sentimiento de amar, o algo muy parecido supongo.

Tenía treinta años cuando mi mujer se quedó embarazada. Qué cosa más extraña. La tripa le crecía y crecía y yo no terminaba de sentir nada hacia ese bulto respingón. Mi mujer estaba muy ilusionada, decía nombres en alto para elegir alguno pero a mí me resultaba indiferente.

Pero un 22 de noviembre llegó el día del parto. A mí me preocupaba más contar los bichos que me encontraba de camino al hospital que el nacimiento en sí. Siempre he tenido alguna obsesión un poco compulsiva, mi psicólogo, otro tipo que me ha ayudado mucho, me decía que me acompañarían siempre pero que debía aprender a gestionarlas. Bueno, al grano. El niño nació. Pesó 3 kilos y medio, pelo rubio con algún pelo rizado más oscuro, tenía unas tres arrugas en cada dedo de la mano y conté hasta treinta pestañas en cada ojo. Hasta que de repente me lo ofrecieron coger en brazos. ¡Joder! Que sensación más extraña. Era parte de mí. Nosotros le habíamos creado. Sentía la obligación de protegerlo toda la vida y darle todo lo que estuviera en mi mano. Creo que volví a sentir lo que es amar.

Los Asperger somos un reto. Puede que seamos raros pero podemos quererte a nuestra manera. Sólo tienes que tener paciencia con nosotros. Ten presente que sin los Asperger no habrías conocido la bombilla de Einstein, ni el concepto de gravedad tal y como lo planteó  Newton, ni las películas de Steven Spielberg, ni habrías manejado un ordenador con Microsoft. Los Asperger también tenemos algo que contar al mundo.


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¿Por qué hablamos del síndrome de Asperger?  

Es un trastorno que se caracteriza porque el paciente manifiesta intereses limitados o una preocupación inusual y obsesiva con un objeto o un tema en particular, llegando a excluir otras actividades y temas de conversación. Las personas que lo padecen suelen tener una inteligencia normal o ligeramente por encima de la media, pero muestran rutinas o rituales repetitivos, así como una tendencia a hablar de manera demasiado formal o monótona y a interpretar figuras retóricas e ironías de manera literal. A veces su lenguaje corporal es inexistente. También exhiben un comportamiento social y emocionalmente inadecuado y se muestran incapaces de interactuar exitosamente con los demás.

¿Por qué hacemos microrelatos? Con el programa ARTERIADKV, DKV Seguros engloba diferentes acciones que fomentan la creación artística, siempre ligada a la salud y a la mejora de la calidad de vida. De este modo, pretendemos estimular la innovación y la creatividad en el sector asegurador y sanitario, además de fomentarla como un valor en la sociedad.