¿Qué hay detrás de una máscara?

El carnaval es una tradición que se celebra a lo largo del mundo. Sus orígenes están ligados a la religión y comienzan con la cuaresma cristiana. Son días de alegría y color dónde los disfraces y las máscaras inundan las calles.

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Es increíble la diversidad de máscaras que nos podemos llegar a encontrar en un carnaval. Pero no solo existen por estas fechas. La sociedad en la que vivimos está cargada de prejuicios y nos somete a una presión y una exigencia difícil de gestionar en muchas ocasiones.  Todos nos hemos tenido que poner una máscara alguna vez en la vida, y no precisamente para carnaval.

Hablemos de máscaras. Pero desde una dimensión más profunda, reflexiva y psicológica.

Si hablamos de ellas cómo elemento físico, esta es una cobertura facial, que quien la lleva, quiere transmitir una identidad distinta a la propia, escondiendo la realidad y distorsionándola al mismo tiempo. Las finalidades pueden resultar tan diversas como queramos; ser graciosos, causar respeto, impresionar, agradar o desagradar… la verdad, no existe tanta diferencia entre las máscaras físicas y las “invisibles”. En la vida cotidiana las utilizamos en función de los roles que desempeñamos.

Las máscaras nos encarcelan y limitan la libertad. Hay que ser muy valiente para vivir sin ellas y ser totalmente libres.

Detrás de una ‘máscara’ podemos encontrar varios denominadores comunes.  El miedo, la inseguridad o la desconfianza.  Las usamos por el miedo a ser juzgados, miedo a no ser como los estereotipos que marca  la sociedad, miedo a no tener el visto bueno de los demás, a las etiquetas y a los prejuicios. Muchas personas se muestran frías cuando en realidad son afectuosas,  otras indiferentes mientras la curiosidad les mata, otras por miedo a mostrar debilidad frente a los demás.

Las máscaras nos encarcelan y limitan la libertad. Hay que ser muy valiente para vivir sin ellas y ser totalmente libres.

Repito, ser libre es de valientes.

Nos aportan una falsa seguridad y nos resistimos a quitárnoslas aún cuando sabemos que deberíamos hacerlo.  Resguardado debajo de ellas, vivimos en una “jaula de oro”. Dónde jamás seremos tal y cómo somos de verdad. Llenos de secretos y temores, caminaremos por la vida sin haber tenido la valentía y el coraje de ser nosotros mismos.

Estaremos condenados.

Deberíamos  arrojar la “mascara” por la ventana y mostrar nuestro rostro desnudo  con la familia, en el trabajo, con los amigos y en cualquier tipo de situación. Conocernos, saber quiénes somos y mostrarnos a los demás, siempre con respeto, educación y valentía.

Aceptarnos y saber vivir con los recursos y la vida que nos ha tocado es fundamental para una vida sin máscaras. La pluralidad de físicos, diversidad de caracteres y maneras de pensar  hace bonita nuestra tierra. Sin duda alguna, sin máscaras todo iría mucho mejor y el mundo sería un lugar mejor donde vivir.

Disfrutar del carnaval, aprovechar y poneros la máscara que os apetezca. Este es su momento.