Peleas entre hermanos

Las relaciones entre los miembros de una familia nunca son idílicas y es inevitable que existan riñas, discusiones, broncas o peleas ocasionales. En la mayoría de los casos éstas no tienen mayor importancia, y se consideran normales y casi inherentes a las relaciones familiares, pudiéndose solucionar generalmente sin grandes dificultades.

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Las relaciones entre hermanos, aunque de adultos es frecuente que sean buenas y constituyan un vínculo indisoluble, no suelen ser tan armoniosas cuando éstos son niños. Y aunque suelan ser un motivo de estrés para los padres, no deberían preocuparse, a excepción de si estas peleas se producen con mucha frecuencia o, si con los años, se van intensificando. Estos enfrentamientos permiten a los niños un aprendizaje sobre cómo actuar para afrontar y solucionar los conflictos, a la vez que proporciona cierta autonomía a cada miembro involucrado en ellos.

Habitualmente, las peleas se producen con mayor frecuencia entre los 6 y los 12 años.  Sin embargo, en la adolescencia se pueden continuar produciendo enfrentamientos, pero éstos son mucho más ocasionales y tienden a disminuir su frecuencia con el paso de los años. En la edad adulta también pueden producirse enfrentamientos entre hermanos pero éstas suelen ser debido a personalidades muy dispares o a desacuerdos concretos. En este caso, hay que  confiar en la madurez de los implicados para gestionarlas, y hay que tener en cuenta que al no convivir éstas serán menos frecuentes. Asimismo, con el paso de los años y la socialización, las personas integran las normas que rigen la vida social y familiar y aprenden que no es necesario pelearse para resolver los problemas.

¿Por qué se pelean los hermanos?

En muchas ocasiones, el detonante de un enfrentamiento suelen ser los celos, la envidia o un intento de llamar la atención de los padres, tratando de ser el protagonista en el núcleo familiar. También es una forma de marcar el territorio o propiedad si, por ejemplo, la pelea es por querer jugar al mismo tiempo con el mismo juego. Sin embargo, estas peleas no significan que no exista un gran afecto entre ellos.

El motivo de que la frecuencia de peleas sea mayor entre hermanos que entre otros niños de la misma franja de edad es que los hermanos pasan mucho más tiempo juntos y suelen compartir los mismos espacios de la casa y juegos, además de familia.

Otro motivo que influye en dicho comportamiento de los niños son los modelos que ven en casa, en la calle, en la televisión o en los videojuegos, que pueden hacerles creer que las peleas y confrontaciones son maneras válidas y aceptables de solucionar conflictos.

Estrategias para evitar conflictos entre hermanos

Una vez los padres identifican los motivos y cómo suelen desarrollarse las secuencias, podrán trabajar para evitar los conflictos o encauzarlos:

  • La comunicación es fundamental para tratar las peleas entre hermanos. Hablar y exponer los sentimientos de cada uno es la mejor forma de llegar a una resolución positiva.
  • Los hijos deben saber que no es un comportamiento adecuado y que la agresión física no es una forma aceptable de solucionar los problemas entre ellos. Por eso, los padres no deben aceptar nunca soluciones a los conflictos basadas en la fuerza o la violencia física o verbal.
  • Es importante evitar la comparación entre hijos y el posicionarse a favor de uno u otro. Por lo tanto, no buscar culpables y víctimas y tratar a los hijos por igual.
  • En episodios concretos hay que dar un espacio individual de expresión a cada niño en el que pueda poner palabras a su vivencia y, a la vez, tratar de buscar claves que ellos puedan usar para evitar nuevos episodios.
  • Los hermanos a su vez deberán aprender que la negociación y el diálogo conllevan ceder en algunas ocasiones.
  • Los padres deben fomentar un clima basado en desarrollar un buen vínculo entre los miembros y donde prime el diálogo y el respeto. Por eso, es aconsejable potenciar las actividades que impliquen colaboración entre ellos.
  • La intervención de los padres en las peleas de sus hijos será menos necesaria a medida que éstos crezcan. En la medida de lo posible, sería conveniente que los niños fuesen aprendiendo a manejar sus conflictos por sí mismos, desarrollando sus propias habilidades. Sin embargo, pueden existir ocasiones en las que sea necesaria la mediación de los padres.
  • En el caso de que los padres no consigan por sus propios medios resolver los conflictos entre sus hijos y éstos se produzcan de forma frecuente o se intensifiquen con el tiempo, puede ser de utilidad consultar con un psicólogo.

 

Elena Mató – Especialista en Psicología – Psicóloga consultora de Advance Medical