La inutilidad de la queja

Generalmente, la queja es inútil porque no ayuda a cambiar la situación generada y causa un estado de irritación y malestar ineficaz para solucionar cualquier problema o conflicto. Sin embargo, una persona puede emitir una queja, por ejemplo, en situaciones en las que se incumple una promesa o compromiso o se violan sus derechos. En estos casos, se trata de una queja puntual y legítima, que llevará a la persona a verbalizarla, a expresar su disconformidad con la intención de defender sus derechos, protegerse, recibir una disculpa o una compensación.

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Podemos considerar que la queja no es siempre inútil si se canaliza adecuadamente y se dirige a solucionar un problema, obtener una reparación o compensación, o remediar una injusticia. Asimismo, quejarse también puede considerarse útil cuando es solamente un punto de partida, un medio para obtener un objetivo o un cambio, pero no como fin en sí misma.

Cómo actúan las personas quejosas

Quejarse continuamente perturba el bienestar emocional, conduce al desánimo y las personas de su alrededor tienen a alejarse.

Existen personas que hacen un uso habitual de la queja y la convierten casi en un estilo de vida. Tienden a fijarse y ponen toda su atención en aquello negativo, en lo que les va mal, lo que no les funciona o no tienen y verbalizan quejas desde el victimismo y la inmovilidad, sin mayor objetivo que expresarlas, es decir, sin pretender modificar la situación que les desagrada, sin tratar de solucionar las cosas o bien esperando que sean los demás quienes se compadezcan y les solucionen los problemas. Estas personas no son conscientes de que hablando de sus quejas, no solucionan las situaciones o los conflictos, sino más bien los amplifican y afianzan, consiguiendo hacerse daño a sí mismas y a los demás. Tras su queja, habitualmente, suele haber una intención inútil de liberarse del sufrimiento y de sus pesares, sin conseguirlo.

La queja frecuente perturba el bienestar mental, conduce al desánimo, debilita a la persona y reduce sus fortalezas. Sin embargo, algunas quejas pueden conllevar asociado un beneficio secundario, ya que mostrarse descontento puede proporcionar respuestas de atención y compasión en los demás y puede eximir a la persona de realizar tareas indeseables. Pero, aunque al principio la queja puede causar en los demás cierto interés o deseo de ayuda, a medio plazo éstos tenderán a alejarse, puesto que a nadie le es agradable estar con personas que siempre se están quejando de cualquier situación.

Una persona quejosa tiene también cierta tendencia a la comparación con los demás, percibiéndose siempre inferior, creyendo que los demás han tenido más suerte o han conseguido más beneficios sin esforzarse.

Cómo salir del bucle de la queja

Trata de transformar la queja en un propósito de cambio y si no se puede, trabaja la aceptación.

Pero… ¿qué puede hacer uno mismo para salir de este estado de descontento habitual? Para cambiar este planteamiento tan perjudicial es importante ante todo asumir las riendas de la propia vida, es decir, asumir que las propias quejas deben ser resueltas por uno mismo, tratando de cambiar las cosas, de trabajarlas, de atreverse a modificar los aspectos insatisfactorios de la propia vida.

Por lo tanto, el primer paso será transformar una queja en un objetivo, en un propósito de cambio y enfocar la energía mental y emocional para resolver el problema. Si, por el contrario, la queja es relativa a alguna situación que no se puede modificar o que no depende de uno mismo, será necesario trabajar la aceptación y la adaptación.

Queja vs agradecimiento

En el lado opuesto a la persona quejosa está la persona agradecida, que es consciente de que siempre hay situaciones en la vida que valorar y que, por lo tanto, no puede ni quiere quejarse, pues no lo necesita. Una persona agradecida acepta la vida como es, no juzga ni compara, percibe lo que tiene y lo que le funciona y suele sentirse feliz y satisfecha.

Una persona de estas características se responsabiliza de aquello que le aqueja para tratar de modificarlo, adquiriendo nuevas estrategias que la dejen en una posición activa frente a lo que le ocurre. Al mismo tiempo, es consciente de que tras cualquier adversidad, por dolorosa o inútil que parezca, existe una oportunidad de crecimiento y un aprendizaje vital, y de que puede tratarse de una experiencia que le permita evolucionar.


Elena Mató - Especialista en Psicología Clínica - Psicóloga consultora de Advance Medical