La importancia de saber animar a tu hijo cuando hace deporte

Los niños se inician en un deporte para divertirse y hacer amigos, la competición y las comparaciones entre compañeros vendrán más tarde, no hay que adelantar esta situación y menos por parte de los padres.

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Cuando los niños comienzan a interesarse por un deporte puede que, con el tiempo, acabe convirtiéndose en ese hobbie imprescindible en sus vidas. El fútbol, el baloncesto, la natación…son algunas de esas actividades que se empiezan a practicar desde pequeño y  que con el tiempo hacen que los niños se involucren en el mundo de la competición deportiva.

Las horas y días de entrenamiento aumentan y sus compañeros acaban convirtiéndose en sus amigos con los que comparten mucho más que un deporte. Es en este momento cuando los padres comienzan a involucrarse, en ocasiones, excesivamente y de forma nociva.

Para evitar ser un agente negativo en este ámbito dentro de la vida de tus hijos se pueden seguir las siguientes pautas:

  • Deja que tu hijo elija su deporte, no el que te gustaría que practicara. En ocasiones la pasión frustrada de los padres acaba por influir en la elección del deporte que el niño “quiere” practicar. No lo hagas, no le inculques algo y deja que él descubra por sí mismo qué es lo que quiere practicar.
  • Debes motivar, no presionar. A la hora de ir a verle a los partidos, es imprescindible saber diferenciar la motivación y la presión. Hay que saber incentivar el interés de tu hijo sin que esto se convierta en una obsesión.
  • Tu hijo te agradecerá que le ayudes a gestionar el tiempo. Los horarios del colegio, de las actividades extraescolares y el tiempo dedicado a los deberes, combinado con una disciplina deportiva, puede que provoque estrés en tu hijo. Lo mejor es que te sientes con él y le enseñes cómo gestionar el tiempo para que disfrute en lugar de acabar odiando tanto el colegio como el deporte.
  • Recuerda que eres su padre, no su entrenador o alguien a quien tenga que demostrar su valía como a un ojeador. En ocasiones, los niños intentan demostrar a sus padres lo buenos que son haciendo las cosas. No seas un juez, motívale y hazle entender que para ti es un gran deportista.
  • Los niños muchas veces actúan por lo que ven o lo que oyen. Por ello, los gritos o las faltas de respeto mientras se está en un partido de cualquier deporte puede calar en él y hacerle desarrollar unas aptitudes poco deportivas que trasladará a su día a día conforme vaya creciendo.
  • Fomenta la diversión y el juego limpio. Hay que tener siempre presente que si inicias a tu hijo en un deporte es para divertirse, para que aprenda y para que haga amigos, no hay que adelantar el proceso evolutivo de la competición, que llegará. Todo tiene su tiempo y nunca hay que perder de vista que, en ocasiones, el verdadero objetivo de practicar un deporte es superarse a sí mismo, no a los demás. De esta forma se crece más interiormente que cuando se crea un ambiente de odio y conflicto deportivo hacia otros contrincantes o compañeros.

Se debe dejar que su interacción con el deporte y con los niños que le rodean siga un curso natural.  Si el niño crece en un ambiente deportivo lleno de presiones y frustraciones, no verá el deporte como algo  sano y motivador. Hay que enseñarles que  el deporte siempre tiene que ser sinónimo de diversión y salud.