Distintas formas de ver la felicidad

"En casi todos los momentos que vivimos, puede haber un poco de felicidad. Sólo hay que saber qué significa esa palabra en nosotros"

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¿Es la felicidad un sentimiento pasajero? Para algunos la felicidad es un estado permanente, para otros algo utópico, pero para muchos otros, algo inalcanzable. Lo que está claro es que todo depende de nosotros y de nuestra forma de vivir la felicidad... La felicidad no se vive igual en todos los países.

  1. Felicidad en Noruega
  2. Felicidad en Qatar
  3. Felicidad en España
  4. Felicidad en Angola

Recuerda que no es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita.

En un mundo tan capitalista y consumista, ser feliz parece ser algo que muchos no logran alcanzar. El trabajo, el estrés, el consumismo... nos hace alejarnos de la felicidad volcándonos en el pesimismo y dejando de lado pequeños detalles que pueden hacernos felices, como una cálida sonrisa o un abrazo. En este sentido, cada cultura o cada persona ve la felicidad de una manera diferente. Es el caso de estos cuatro ejemplos.

Y a ti, ¿qué te hace feliz? Recuerda que no es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita. Aprende a valorar los pequeños detalles y no te frustres si hay algo que no puedes conseguir. La felicidad está en las pequeñas cosas del día a día. 

Felicidad en Noruega

A pesar de que tenía tan sólo cinco años, el pequeño Steven quería una tablet para su cumpleaños, no pedía otra cosa. La palabra "tablet" era la que más se repetía en su todavía escaso vocabulario. Al fin llego su cumpleaños un diecinueve de marzo. Justo el día de la felicidad. Qué mejor momento para recibir tu ansiado regalo. Steven saltaba de alegría y rompió el embalaje con toda la energía que tenía. Ya era suya...

Felicidad en Qatar

Como rugía el nuevo Ferrari de papá. Yasin no pensaba en otra cosa que pedírselo para ir a la universidad. Nada le haría más feliz que llegar a lomos de su cavalino rampante rojo fuego. Además, Rachid tenía un Lamborguini  desde hacía más o menos una semana y era hasta entonces, el mejor coche de la universidad. Qué rabia tenía Yasin en el cuerpo, el sólo podía ir con el último Mercedes del mercado, casi era un pecado para sus ojos. Hasta que al fin, un día se lo dejó. Henchido de orgullo, acudió a la universidad en su flamante Ferrari y miraba por la ventanilla como todos giraban su cuello para verlo llegar. Qué feliz era...

Felicidad en España

"A mí que no se me lleven de aquí, tenemos el mejor clima y la mejor comida" decía Víctor tirado en la tumbona de un chiringuito de una playa de Málaga. Era su mejor momento del año. Desconectar del trabajo para bajarse a su apartamento en el sur y disfrutar de sol, paella y cerveza. Su familia le acompañaba, también eran felices cuando llegaban esos días. Todo lo que hacían durante el año desembocaba en esas dos semanas de continua felicidad...

Felicidad en Angola

Mientras, en una pequeña aldea al sudeste de Angola, el pequeño Traore miraba con perplejidad como medio poblado danzaba alrededor de lo que parecía una arcaica y pequeña jaula, confeccionada con retajos de rejilla con los que se habrían ido topando. El pequeño, sabía que tenía que estar allí con ellos, pero a pesar de su corta y desconocida edad, su carácter, terminó sobreponiéndose a las costumbres y tradiciones del grupo.

Se sentía afortunado, a veces comía hasta tres veces al día y si tenía suerte, algún plato no sería arroz o pan. Traore se limitaba a crear juguetes ensamblando todas las piezas con las raíces de los árboles. Iba ya por el tercer juguete del día. Se le daba bien y se entretenía haciéndolo. Cuando terminó su última creación, levantó la mirada y observo que ya no danzaban alrededor de aquella maraña de metal. La jaula estaba en medio del poblado, sin nadie alrededor, y el pequeño Traore se acercó para ver que suscitaba tanta admiración.

Al llegar a ella, se dio cuenta de que dentro había una flor que jamás había visto. Su azul intenso lo hipnotizó varios segundos, y deseó poder cogerla.  Los matices olorosos que desprendía la flor llegaban hasta la nariz de Traore, sumiéndole aun más en aquel estado hipnótico.

De pronto, la tranquilidad se quebró cuando su primo mayor M'Vila balbuceaba en alto mientras corría haciendo aspavientos hacia él. En su dialecto, M'Vila le contó a Traore que esa flor nació en mitad del poblado hace varios días. Todos se asombraron de su belleza y de que nunca habían visto una planta parecida. Le atribuyeron poderes con influencia sobre la fertilidad y la suerte. Desde hace unas semanas la rejilla la protege de los animales. Todos los habitantes del poblado la veneran y danzan alrededor de ella varias veces al día como si aquella diminuta planta fuera un regalo divino.

Traore miraba con incredulidad. Era uno de esos chicos que quizás, si hubieran nacido en otros lares mejor avenidos, hubiera sacado sin problemas una carrera. El pequeño era muy listo.

Allí se quedo, embelesado por aquella flor, mostrando una vivaz ilusión y por un momento, quiso bailar feliz, libremente alrededor de ella.