¿De verdad eres feliz? Pon un poco de filosofía en tu vida

En tiempos de antaño se codeaban con Reyes y eran considerados eruditos. Promulgaban estilos de vida y maneras de afrontar los problemas que podías encontrarte a lo largo del camino, pero, parece que ya no tienen cabida en el nuevo mundo.

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Los filósofos promulgan el amor por la sabiduría, rodeando cuestiones tan fundamentales como el conocimiento, la existencia, la moral o  la verdad. Conceptos universales tan importantes que involucran al ser humano desde su base como ser con conciencia de su propia existencia. Este amor por la sabiduría fue el primer paso que aportó las primeras nociones de conocimiento para el mundo tal y como lo conocemos y que hoy suponen la base de la Ciencia. La filosofía ha fomentado la cultura, que son los ojos con los cuales la sociedad comprende el mundo que le rodea.  Constituye la piedra angular sobre la que se cierne la existencia de algunos de los valores actuales, aunque no seamos conscientes de ello.

Parémonos un rato a pensar.

Es normal dejarse absorber por el día a día y no dedicarle tiempo a meditar en profundidad sobre ciertos aspectos de la vida. Cinco grandes filósofos nos han dejado su manera de ver la felicidad. Elije la que más encaje con tu forma de ver la vida y ves a por ella.

Aristóteles y la felicidad metafísica

La felicidad es la aspiración máxima de todos los seres humanos. La forma de llegar a ella, desde su punto de vista, es la “virtud”.  Quiere decir, que si se cultivan las virtudes más fuertes en nosotros, se llegará a la felicidad. Aristóteles argumenta que más que un estado, se trata de un estilo de vida. Su mayor pilar consiste en ejercitar constantemente lo mejor que tiene cada ser humano. Es necesario también cultivar la prudencia del carácter y tener un buen destino o buena suerte  para llegar a una felicidad plena.

Epicuro y la felicidad hedonista

Fundó la “Escuela de la felicidad” y postuló el principio de que el equilibrio y la templanza era lo que conformaba la felicidad. Ese enfoque quedó plasmado en una de sus grandes máximas: “Nada es suficiente para quien lo suficiente es poco”.

Creía que el amor poco tenía que ver con la felicidad, en cambio la amistad sí. También insistió en la idea de que no se debe trabajar para conseguir bienes, sino por amor o pasión a lo que se hace.

Nietzsche y la crítica de la felicidad

Nietzsche opone el concepto de “felicidad” al de “dicha”. La dicha significa “estar bien”, gracias a circunstancias favorables, o a la buena suerte. Pero por otro lado, se trata de una condición efímera y pasajera, que puede terminar en cualquier momento. Piensa que vivir perezosamente y sin ninguna preocupación es un deseo propio de las personas mediocres, que no le otorgan el valor real a la vida.

La dicha sería una especie de “estado ideal de la pereza”, o sea, no tener ninguna preocupación, ningún sobresalto. En cambio, la “felicidad” es fuerza vital, espíritu de lucha contra todos los obstáculos que limiten la libertad y la autoafirmación.

Ser feliz, entonces, es ser capaz de probar la fuerza vital, mediante la superación de adversidades y la creación de modos originales de vivir.

José Ortega y Gasset y la felicidad como confluencia

Una frase que resume su idea: “Si nos preguntamos en qué consiste ese estado ideal de espíritu denominado felicidad, hallamos fácilmente una primera respuesta: la felicidad consiste en encontrar algo que nos satisfaga completamente”.

“Vida proyectada” + “Vida efectiva” = Felicidad.

Cada quién define cuáles son las realidades que pueden hacerlo feliz. Si se logra construir esas realidades, entonces será feliz.

Slavoj Zizek y la felicidad como paradoja

Slavoj indica que la felicidad es un asunto de opinión y no un asunto de verdad. La considera un producto del capitalismo, que implícitamente prometen la satisfacción eterna a través del consumo.

Sin embargo, en el ser humano gobierna la insatisfacción porque en realidad está lleno de dudas y no sabe muy bien lo que desea. El ser humano piensa que si alcanza algo (comprar una cosa, subir su estatus, etc.) podría ser feliz. Pero, en realidad, inconscientemente, lo que quiere alcanzar es otras cosas u de otra manera y por eso permanece insatisfecho.