En Maldita.es ya os hemos contado por qué comer piña no ayuda a quedarse embarazada y no hay una posición durante las relaciones sexuales que sea más favorable que otra para quedarse embarazada. También os hemos explicado por qué no es recomendable llevar esmalte semipermanente en las uñas cuando se está cerca de dar a luz. Ahora nos habéis preguntado cómo surgen las contracciones de parto.

¿Cómo surgen las contracciones de parto?

“Pese a múltiples estudios en modelos animales, de laboratorio y en seres humanos, la actividad uterina es una compleja mezcla de actividad de distintas sustancias y hormonas no del todo conocida”, comenta a Maldita Ciencia Pablo Tobías, especialista en Ginecología y Obstetricia en el Hospital Universitario Infanta Cristina de Madrid.

Según cuenta, durante la mayor parte parte del embarazo, “existen diversos mecanismos inhibitorios para evitar que se desencadenen contracciones antes del término”. Por ejemplo, la progesterona, una hormona producida principalmente en los ovarios que prepara al útero para el embarazo inhibiendo las contracciones uterinas, como recoge Medline Plus, el servicio informativo de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos.

Al final del embarazo, Tobías explica que “se produce una caída de la acción de la progesterona y otros uterorrelajantes”. Según cuenta, también se eleva la actividad de otras hormonas y sustancias como los estrógenos y las prostaglandinas que activan diversos mecanismos en las células del músculo uterino (miometriales) y que propician “la actividad sincrónica y coordinada del útero”.

Anna Mallafré, ginecóloga y especialista en reproducción asistida de la clínica Eugin, explica a Maldita Ciencia que el inicio de las contracciones “sigue una compleja cascada de procesos neuroendocrinos y bioquímicos que coinciden con la maduración fetal, la maduración cervical y la preparación máxima del útero para desarrollar con éxito el trabajo de parto”.

¿Desde qué momento puede tener contracciones de parto una mujer embarazada?

Gloria Boal, vocal matrona del Consejo General de Enfermería, cuenta a Maldita Ciencia que se pueden producir en cualquier momento del embarazo. “En etapas precoces son escasas y esporádicas y no suelen suponer riesgo de parto prematuro. Es al final del embarazo cuando las contracciones se van haciendo más rítmicas e intensas, lo que va a contribuir a iniciar el parto”, comenta.

Mallafré confirma que durante todo el embarazo se pueden producir contracciones. Por un lado, están las de tipo A, “no perceptibles en la mujer”. “Son contracciones de poca intensidad confinadas a pequeñas zonas del útero”, describe. Las de tipo B “tienen una intensidad media y se propagan por todo el útero”. Según cuenta, no son dolorosas, pero son percibidas por la madre y aumentan progresivamente especialmente a partir de la semana 30. Las de tipo C o preparto “son contracciones ligeramente dolorosas que favorecen la maduración del cuello del útero y son irregulares”.

Por último, las de tipo D son las que se producen cuando se está de parto. Según indica Tobías, estas suelen ser regulares (cada 5 o 10 minutos) y dolorosas. Además, “persisten o aumentan en intensidad a pesar del reposo físico y la hidratación durante dos o tres horas por lo menos”.

Este tipo de contracciones no son iguales para todas las mujeres y en todos los partos, según el experto: “Al igual que la percepción del dolor, la sensación es totalmente subjetiva y varía no sólo entre pacientes sino también en diferentes embarazos en una misma paciente”.

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