Niños estresados en vacaciones

Tras el fin de curso ha llegado el momento de parar y descansar. Padres y madres coinciden en señalar que sus hijos están cansados y parecen estresados al finalizar las clases. Entonces... ¿por qué continuar las vacaciones como si fuera otra carrera?

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Y es que casi todas las vacaciones de los niños ya están programadas: refuerzo de algunas materias, deportes acuáticos, idiomas y un largo etcétera, lo que puede resultar estresante. Los niños cumplen con una agenda tan apretada que llegan exhaustos al verano,  y no tienen fuerzas ni para salir de la cama en vacaciones, ni rastro del entusiasmo y la energía que debería suponer la recién estrenada libertad del pequeño.

Nuestro país va subiendo en el ránking conforme la edad aumenta, pero ya desde los 11 años hay un elevado porcentaje de niños (34%) y niñas (25%) agobiados por el exceso de ejercicios para casa. La OMS advierte: “El estrés relacionado con el colegio tiende a ser padecido por jóvenes con elevados niveles de presión escolar. Los problemas más frecuentes de salud relacionados son el dolor de cabeza, dolor abdominal, dolor de espalda y mareos, pero también sufren síntomas psicológicos, como sentirse tristes, tensos o nerviosos”.

Tratamos que los niños lleven el mismo ritmo de vida que los adultos y no nos damos cuenta que no es lo adecuado para su desarrollo, ya que, cuando soportan una gran carga de presión, se termina manifestando en irritabilidad, tics, comportamientos regresivos (chuparse el dedo) o dolores físicos, lo que termina en adolescentes huraños, desafiantes y esquivos. Es su manera de decir que están hartos.

Está claro que la preocupación por el futuro de nuestros hijos y el empeño por sacar lo máximo de ellos ha llegado a límites exagerados, queremos y pretendemos que sean los mejores en todo y llenamos sus agendas incluso en verano de actividades de refuerzo, para supuestamente no perder el hábito de estudio  y así sentirse incapaces de cumplir con tantas expectativas puede interferir en su correcto desarrollo, provocando frustración, rabia y bajo rendimiento, lo contrario a lo que se busca.

Las vacaciones, para ellos como para nosotros, son para relajarnos y desconectar de las rutinas

Ante todo esto, ¿cómo afrontar este verano? ¿No hay que hacer deberes ni actividades extraescolares?  En la medida de lo posible, conviene no alejarse demasiado de algunos requerimientos mínimos, por ejemplo, una de las claves para evitar los efectos negativos del estrés es que las propuestas de las actividades deben ser deseadas por el niño, no importa si son actividades intelectuales o físicas, todas pueden ser interesantes. La clave para elegir entre apuntar a nuestros hijos a una actividad extraescolar y qué tipo de actividad escoger para ellos radicaría en un buen conocimiento de las características del niño, de sus capacidades y sus preferencias, cómo lleva su rendimiento académico y otros aspectos relacionados con su desarrollo integral, aunque lo más adecuado sería que fueran de contenido lúdico y, a ser posible, al aire libre. Otras pautas básicas son: respetar el horario de comidas y ritmos de sueño. Pero ante todo, no les sobrecargues de actividades, no es necesario ir corriendo, no es una carrera. Procura que participe con más niños y recuerda que la risa también ayuda a liberarnos del estrés.

Las vacaciones, para ellos como para nosotros, son para relajarnos y desconectar de las rutinas y, por qué  no, saltarnos algunas normas, siempre sin perder de vista que los niños se sientan seguros y felices. Hay que poner límites y obligaciones, porque las necesitan, pero en verano pueden ser más relajadas y es que también pueden aprender a través de los juegos y trabajar la atención.

También hay que medir el tiempo que pueden pasar durante las vacaciones delante de una pantalla de móvil, ordenador o consola, mejor unas vacaciones no virtuales, para ello también hay que predicar con el ejemplo, todos debemos relajarnos en vacaciones.