Con el mes de septiembre llega el final de las vacaciones y la vuelta al lugar de trabajo. Este año, además del estrés o el desánimo que acompaña a menudo este momento, debemos tener en cuenta el contexto sociocultural y laboral que se presenta debido a la crisis sanitaria mundial de la COVID-19. 

La pandemia ha cambiado el lugar de trabajo a los que muchas personas regresan este mes. Mascarillas, dispensadores de gel hidroalcohólico, teletrabajo… Se han puesto en marcha una serie de medidas para evitar el contagio por el virus SARS-CoV-2, el principal problema de salud que podría entrañar la vuelta al lugar de trabajo. 

No todas las profesiones entrañan el mismo riesgo. El personal sanitario, en primera línea de lucha contra la COVID-19, es el sector con más riesgo y representa más del 13% del total de personas contagiadas en España (Ministerio de Sanidad, 2020). Otras profesiones de alto riesgo son aquellas que comportan contacto estrecho con mucha gente, como conductores de transporte público y personal de seguridad. El riesgo laboral de contraer el SARS-CoV-2 depende de varios factores, tales como el sector, la profesión y la existencia o no de contacto cercano (a menos de dos metros) frecuente o prolongado con personas infectadas. 

Además del riesgo de infección, existen otros problemas de salud relacionados con el nuevo coronavirus. Epidemias anteriores como el SARS (síndrome respiratorio agudo grave de 2003) han demostrado que determinados puestos de trabajo, como los del personal de enfermería, comportan muchísimo estrés y síndrome del desgaste profesional; a veces incluso conllevan estigma social, puesto que dichos profesionales pueden ser percibidos a ojos de otras personas como portadores de la infección. Según estudios realizados en Taiwán durante la epidemia de SARS (Cheng-Sheng Chen, 2005), una cuarta parte del personal de enfermería se planteó dejar el trabajo como consecuencia de la carga excesiva de trabajo, el estrés, el estigma social y el riesgo de infección. 

El estrés y la ansiedad también pueden ser síntomas frecuentes en otras profesiones que a priori no comportan un riesgo tan elevado, pero en las que hay una sensación de riesgo o de falta de medidas –tanto reales como percibidas– para contener la infección entre el personal.  

El teletrabajo también surte efectos indirectos sobre la salud, como la reducción de los desplazamientos activos y la disminución de la actividad física. El teletrabajo, en general, puede dar lugar a jornadas laborales más largas y también a trabajar más durante las tardes y los fines de semana (ILO, 2020). 

Preparación del lugar de trabajo 

Mientras no haya vacunas o fármacos contra el virus, las medidas de prevención en los lugares de trabajo pasan por impedir las dos vías de contagio: la inhalación de gotículas respiratorias y el contacto con superficies contaminadas.  

 En paralelo a la planificación de la pandemia por parte del gobierno, es esencial que las empresas desarrollen un plan de preparación y respuesta ante enfermedades infecciosas (Kogevinas; Straif, 2020) con medidas preventivas, incluyendo el distanciamiento físico, la higiene de manos y la higiene respiratoria.  

También es básico que se involucre el personal, que esté informado y comprometido y que participe en la transición. La pandemia y sus restricciones pueden haber afectado al bienestar mental y físico, la cohesión social y la estabilidad económica, así como a la capacidad de resiliencia y la confianza individual y comunitaria. En este contexto complejo, tener en cuenta a las y los trabajadores, como personas y como comunidad, es un recurso valioso para la planificación de la transición. 

El uso de pruebas masivas para la detección del virus (tests de PCR) ha sido un recurso empleado por algunas empresas, pero ello debería percibirse más como un medio psicológico de aumentar la confianza que como un modo eficiente de prevenir enfermedades futuras. No se recomiendan medidas como el cribado masivo con PCR o pruebas de anticuerpos. Se trata de una medida claramente insuficiente si las condiciones de trabajo no son las adecuadas para prevenir la infección, ya que sería necesario realizar pruebas regularmente. Sin embargo, aplicar repetidamente pruebas rápidas que son asequibles económicamente aunque no adecuadas para el diagnóstico clínico, podría ser un recurso importante para trabajadores que estarán en contacto con grupos grandes en espacios reducidos. Esta también podría ser una política para el regreso a las escuelas.   

Entre las medidas de control en el lugar de trabajo se encuentran los controles técnicos que reduzcan la exposición del personal a los riesgos laborales, como aumentar los niveles de ventilación en el lugar de trabajo o instalar barreras físicas, así como los controles administrativos que cambien las políticas laborales, como por ejemplo minimizar el contacto entre trabajadores y con los clientes o usuarios, mediante la sustitución de las reuniones presenciales por reuniones virtuales, o la implementación de turnos de trabajo rotativos en los equipos o lugar de trabajo. Entre los controles administrativos también se encuentra el hecho de promover prácticas laborales seguras, como tomar medidas para la promoción de la higiene de manos y similares.      

Si bien el uso de equipos de protección individual (EPI) está ampliamente considerado como un medio eficaz para la prevención, en el lugar de trabajo debe tener mayor prioridad la implementación de los controles técnicos y administrativos. Sin embargo, es posible que sea necesario utilizar EPI como guantes, gafas, protectores faciales o mascarillas faciales para evitar ciertas exposiciones. Si bien el uso correcto de EPI puede ayudar a prevenir algunas exposiciones, no debe sustituir otras estrategias de prevención.   

La rápida identificación y aislamiento de personas potencialmente infecciosas es un paso determinante para proteger al personal, clientes, visitantes y demás usuarios del lugar de trabajo. Se debe alentar al personal a autoobservarse para detectar signos y síntomas de COVID-19 si sospecha una posible exposición, así como cualquier contacto con personas positivas al SARS-CoV-2.  

Cada uno de nosotros, ya sea desde el rol de persona empresaria o trabajadora, tenemos un papel decisivo en la lucha contra los brotes de COVID-19

Referencias 

Manolis Kogevinas es investigador y director científico de la distinción Severo Ochoa en el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal).