Depresión estival: ¿Por qué ocurre?

Deprimirse en verano es más común de lo que parece. Aprende a reconocer las causas que te llevan a la depresión estival y la forma de prevenirla.

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Llega el verano y con éste, el calor, más horas de sol, actividades al aire libre, más vida social. Es una época en la que parece más fácil liberarse del estrés y en la que está demostrado que aumentan las relaciones y las actividades lúdicas y sociales. También puede aparecer la depresión estival.

  1. Motivos de la depresión estival
  2. Depresión estival: ¿Cómo prevenirla?

Aunque tiene una parte muy atractiva, también puede suceder que esta época del año tienda a idealizarse y, como se suele decir, “no es oro todo lo que reluce”, pues también el verano trae consigo una mayor tendencia a un estado de ánimo bajo y a una mayor aparición de la frustración por crearnos unas expectativas muy altas que no siempre se cumplen. El verano puede ofrecernos las mismas posibilidades de ser feliz que cualquier otra estación y, para que así sea, sólo depende de nosotros y de la actitud con la que vivamos cada momento.

Algunos síntomas como tristeza, apatía, desinterés, ansiedad e irritabilidad forman parte de lo que se conoce coloquialmente como depresión estival o “de la tumbona”. No dejan de ser síntomas similares y comunes a los que ocurren cuando se padece el llamado “trastorno afectivo estacional”.

Motivos de la depresión estival

La depresión estival tiene, como cualquier otra enfermedad, unos motivos. Son los siguientes:

  • La insatisfacción corporal: Se acentúa con la llegada de situaciones que conllevan una mayor exposición de nuestro cuerpo como bañarse en la playa o la piscina, llevar ropa más ligera y destapada… El culto al cuerpo y los ideales de belleza a nivel social fomentan que haya una falta de aceptación de nuestra figura por no cumplir estos cánones, lo cual genera frustración que desencadena en malestar, irritabilidad y tristeza.
  • Los cambios ambientales y de temperatura tampoco ayudan: El exceso de calor puede ser mal tolerado y generar mayor irritabilidad y malestar, cansancio...
  • La tendencia a idealizar las vacaciones: Es frecuente tener pensamientos asociados a las vacaciones relacionados con la felicidad, la utopía y un entorno idílico. Si nuestras expectativas no cumplen con esta idealización, lo más probable es que aparezcan sensaciones de agobio, ansiedad, apatía y tristeza. Debemos disfrutar de las pequeñas cosas
  • Mayor facilidad para aflorar ansiedades que debido al ritmo acelerado de la rutina diaria hasta ahora han podido pasar desapercibidas.
  • El aumento del tiempo que pasamos con la familia o la pareja: En verano, disponemos de más tiempo para compartir en familia o con la pareja. El hecho de aumentar los momentos de convivencia puede propiciar un aumento de las tensiones y de las discusiones inevitables que repercuta en un bajo estado de ánimo y derive en conflictos familiares en vacaciones.

Depresión estival: ¿Cómo prevenirla?

Para favorecer que todos estos desencadenantes no aparezcan y para cuidar de una forma consciente nuestro momento de descanso prolongado, repasamos a continuación algunos consejos de interés para disfrutar del verano sin comprometer nuestro estado de ánimo:

  • Ajustar expectativas a la realidad que nos rodea: Si no disponemos de la posibilidad de acudir a un lugar paradisíaco, no es necesario lamentarse. El placer de hacer actividades sencillas es igual de valioso. 
  • Dedicar tiempo para realizar actividades que nos motiven y aporten placer: Procuraremos escoger parcelas de nuestro tiempo para hacer durante el verano aquel deporte que nos gusta, visitar a esa persona que nos hace sentir bien o acudir a aquel sitio que nos encanta.
  • Reservar tiempo para el descanso: Estar de vacaciones no es sinónimo de no parar de hacer planes. También conviene detenerse y dedicar tiempo a no hacer nada.
  • Seguir unos buenos hábitos de alimentación y una rutina adecuada de sueño: Conviene que las vacaciones no sean una oportunidad para comer peor ni para dormir poco o menos de lo que necesitamos.

Andrea Arroyo – Especialista en Psicología de la Salud y Nutrición – Psicóloga consultora de Advance Medical

Etiquetas: Salud emocional