Tomar productos lácteos en verano

Las propiedades nutricionales de la leche sugieren que su consumo es importante para la salud de la masa ósea, y más en determinadas etapas de la vida o situaciones fisiológicas.

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Los productos lácteos no sólo destacan por su contenido en calcio, sino también por ser buena fuente de proteínas de alto valor biológico y vitaminas (A, D, y del complejo B).

  1. ¿Enteros o desnatados?
  2. ¿Cómo tomarlos en verano?

Productos lácteos: ¿Enteros o desnatados?

La oferta es amplia, y aunque en los últimos años ha surgido mucha controversia sobre su esencialidad en la dieta de un adulto, lo cierto es que por el momento siguen apareciendo en las recomendaciones de dieta equilibrada. Por otra parte, también se encuentra el debate de si tomar los lácteos desnatados o enteros. En dietas que requieran cierto control calórico y de grasa saturada, se suele optar por escoger la versión desnatada. Son varios los estudios recientes que ponen de manifiesto que tomarlos así no siempre tiene una influencia relevante sobre los niveles de colesterol o la reducción del peso, por lo que no suponen un beneficio extra. Habría que considerar el marco global de la dieta.

El hecho de tomarlos desnatados implica la pérdida de las vitaminas liposolubles (vitamina A y D) que se encuentran en la fracción grasa de los lácteos. Igualmente, sí que hay que considerar que, dentro de este grupo de alimentos, el queso es el que mayor contenido graso presenta, y en caso de tener que seguir una dieta hipocalórica y/o reducido en grasa saturada, habrá que limitar el consumo de quesos curados y semicurados.

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Productos lácteos: ¿cómo tomarlos en verano?

El mundo de los productos lácteos cada vez es más amplio, y son muchas las opciones que encontramos en el supermercado:

  • Leche: entera, desnatada, semidesnatada, sin lactosa, enriquecida (con calcio, vitamina D, omega 3, fibra…)
  • Yogur: entero, desnatado, edulcorado, azucarado, con frutas o cereales…
  • Postres lácteos: flanes, natillas, cremas de chocolate, mousse, cuajada...Estos derivados lácteos no contienen bacterias vivas como los yogures, por lo que no tienen efecto probiótico (favorece el equilibrio de la flora intestinal). Pero resultan muy atractivos para el consumidor, por su contenido en azúcar, sabor y colorantes.
  • Quesos: fresco, curado, semicurado… Las variedades de quesos son incontables. Si multiplicamos los diferentes procesos de elaboración por el tipo de queso de cada región del mundo, la cifra es mayúscula.

Para los amantes de los lácteos, el verano es una estación que permite tomar lácteos de manera muy diferente. Las opciones son muchas:

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  • La cuajada se obtiene añadiendo cuajo a la leche provocando una coagulación enzimática. Suele digerirse bien, y es otra forma de tomar lácteos. Fría de la nevera con fruta troceada resulta deliciosa: cuajada con fresas o melocotón. Aunque también podemos añadirle frutos secos, para aumentar aún más el valor nutritivo de la receta.
  • Batidos lácteos. Los batidos elaborados con leche o yogur son opciones refrescantes para el verano. En combinación con la gran variedad de frutas que ofrece esta época del año, permite obtener batidos de sabores muy variados: batido de cereza, de mango, de melocotón, de sandía, etc. Aunque también se puede hacer un buen batido con leche fría y frutos secos, cacao en polvo, o cereales (avena, muesli…)
  • Helados con base láctea. Es la mejor excusa para tomar un lácteo en verano. Lo ideal es hacerlos caseros, para poder conocer bien los ingredientes y el contenido graso. Y es que hay helados envasados que contienen grasas de origen vegetal que resultan más baratas, como la de palma o de coco, pero poco saludables a nivel cardiovascular. En la elaboración de helado casero, si se quiere hacer cremoso, va a ser casi inevitable no añadir algo de nata para proporcionar una textura más cremosa. Aunque siempre está la opción de hacer helado de hielo para evitarlo. Otra alternativa para dar cremosidad al helado es añadir aguacate. Los helados de yogur cada vez tienen más adeptos y, combinados con frutas, son una buena opción para toda la familia.
  • Queso de Burgos, Mozzarella, Feta. No son quesos muy grasos en comparación con los curados y semicurados. En verano permiten múltiples combinaciones en la elaboración de ensaladas. El queso fresco batido lo encontramos en el mercado en forma de tarrina y lo podemos tomar como si fuera un yogur: queso batido con arándanos, con frutos secos, con avena, etc. Es una sana elección para las meriendas de la época de calor.
  • Salsa de yogur para ensaladas. Otra manera de incluir lácteos en la dieta puede ser utilizando el yogur como base para elaborar salsas. Un claro ejemplo es la salsa de yogur para ensaladas: yogur desnatado natural, cebolla picada, perejil fresco picado y albahaca fresca picada. Es una buena forma de enriquecer y dar sabor a las ensaladas o aperitivos evitando otras salsas mucho más grasas.

Isabel López - Licenciada en Ciencia y Tecnología de los Alimentos – Diplomada en Nutrición Humana y Dietética – Nutricionista consultora de Advance Medical

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