Piernas cansadas y dieta

En verano se acentúa el problema pues el calor favorece la vasodilatación y empeora la circulación. De ahí la importancia de llevar una vida activa, seguir una alimentación variada compuesta sobre todo por alimentos frescos, y mantener una buena hidratación.

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Remedios para las piernas cansadas

Cuando el retorno venoso que va de las extremidades inferiores hacia el corazón empieza a ralentizarse, podemos hablar de deficiencia venosa. Es entonces cuando aparece la sensación de piernas cansadas, pesadez, hormigueo, nerviosismo (sensación irresistible de moverse) y, a medio/largo plazo, celulitis, varices o trastornos más graves como flebitis (inflamación de las venas), entre otros. Las mujeres suelen sufrir este problema con más frecuencia, en parte debido a cambios hormonales, aunque también tiene una gran influencia un estilo de vida sedentario o una alimentación inadecuada. Asimismo, la obesidad o los factores hereditarios son también factores determinantes en la aparición de este trastorno.

¿Qué tener en cuenta en nuestra dieta?

  • Flavonoides. Se encuentran distribuidos en muchas plantas, frutas, verduras y son responsables de su intenso y variado colorido. Los flavonoides actúan como antioxidantes y ejercen efecto vaso-protector, favoreciendo la resistencia de los capilares. Por ello, hay que asegurar un consumo de tres raciones de frutas y dos de verduras diarias, aplicando la variedad, para poder disfrutar de los beneficios de los diferentes tipos de flavonoides presentes en las múltiples fuentes naturales. El verano nos proporciona gran diversidad de frutas y es una buena oportunidad de tomarlas no sólo como postre, sino también incluidas en ensaladas, o como tentempié refrescante en forma de batido.
  • Sodio (sal). Hay que moderar el consumo de sal en la dieta ya que es la principal fuente de sodio en la alimentación, y éste regula el equilibrio de los líquidos corporales a nivel intra y extracelular.  Un exceso puede favorecer la retención de líquidos y entorpecer la circulación. Aparte de la sal utilizada para cocinar, podemos encontrar gran cantidad de sodio en alimentos como: quesos curados, embutidos, pescados salados, encurtidos y muchos productos procesados a los que se les añade sal como conservante (conservas, aperitivos, sopas deshidratadas y caldos, galletas, etc.)
  • Potasio. Es el elemento opuesto al sodio en el proceso de regulación hídrica y, por tanto, ha de estar presente en la dieta diaria, para poder compensar la acción de su antagónico, el sodio. Son buenas fuentes de potasio las hortalizas, las verduras, las frutas frescas, los frutos secos y las legumbres. 
  • Grasas saludables. Es más importante la calidad de la grasa que la cantidad de su ingesta, y en ese sentido una dieta controlada en grasas saturadas y con una adecuada presencia de grasas mono y poliinsaturadas favorecerá una mejor circulación sanguínea. En concreto, los ácidos grasos poliinsaturados se consideran nutrientes cardiosaludables por regular la presión arterial, inhibir la agregación plaquetaria y ayudar a estabilizar el metabolismo de las grasas en el organismo, reduciendo el colesterol LDL o "colesterol malo” y favoreciendo el aumento del colesterol HDL o "colesterol bueno", condición que sirve de protección para el sistema vascular. 
  • Las grasas saturadas se encuentran en alimentos de origen animal y en ciertas grasas vegetales, como la de coco y la de palma. La carne, los embutidos, así como los productos lácteos (quesos, mantequilla, nata...) son las fuentes principales en la alimentación actual. Por el contrario, el pescado azul y otros alimentos de origen vegetal como las semillas, las aceitunas, los frutos secos o el aguacate, son fuente de grasas insaturadas. Esto no significa que tengamos que dejar de comer unas e incluyamos únicamente las otras. Seguir las recomendaciones de dieta equilibrada es lo más sensato. Tomar pescado azul dos días por semana, incluir unos 25 g al día de frutos secos unos 4-5 días por semana, así como utilizar aceites vegetales para cocinar y aliñar, es una buena manera de incorporar a la dieta habitual este tipo de alimentos. 
  • Agua. Una correcta hidratación es fundamental para mantener nuestro equilibrio corporal. El agua es la opción más acertada para mantener el cuerpo hidratado y favorecer la eliminación de los residuos del metabolismo de las células. Generalmente, se aconseja beber 1'5 listros de agua al día, aunque las necesidades varían en función de las diferentes situaciones que puedan influir en una mayor eliminación de líquidos.

Otros consejos para favorecer la circulación

  • Evitar el sedentarismo y practicar ejercicio de forma regular. Es recomendable planificar ejercicios que potencien las tres cualidades físicas básicas: tonificación muscular (para endurecer), ejercicio aeróbico (para evitar la acumulación de grasas) y ejercicio de estiramiento (para dar forma al músculo y aumentar la flexibilidad). 
  • No vestir prendas muy ajustadas que puedan entorpecer la circulación. Mejor optar por ropa cómoda o tejidos elásticos que no nos opriman.
  • Procurar no permanecer durante mucho tiempo sentado o de pie, así como evitar cruzar las piernas. Se aconseja levantarse cada hora y estirar las piernas caminando un poco.
  • Dormir con las piernas ligeramente levantadas, o aprovechar los ratos de ocio (leer, escuchar música) poniendo los pies en alto para relajar las piernas.
  • En caso de exposición directa y durante un tiempo prolongado al sol, se recomienda intercalar baños de agua fría.

Isabel López – Licenciada en Ciencia y Tecnología de los Alimentos – Diplomada en Nutrición Humana y Dietética – Nutricionista consultora de Advance Medical

Etiquetas: Alimentación