Cereales para bebés. ¿Hay vida más allá de las papillas infantiles?

Los cereales para bebés suelen ser el primer alimento que toman los niños tras meses de lactancia materna (o leche de fórmula) en exclusiva. Siendo el primer “manjar sólido” que van a probar nuestras criaturas sería razonable elegir unos cereales de calidad, pero ¿sabemos lo que le estamos dando realmente a nuestros hijos?

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Empecemos por el principio: ¿papillas con gluten o sin gluten?

La edad de introducción del gluten ha sido durante mucho tiempo objeto de polémica y discusiones encarnizadas: ¿es mejor a los cuatro meses? ¿o mejor a los seis meses? Las recomendaciones de la OMS sobre la lactancia, dejan poco espacio a la divagación: durante los seis primeros meses el bebé sólo debería alimentarse con leche materna. A partir de ahí ya podríamos pensar en introducir los cereales.

¿Y esto qué quiere decir? Muy fácil: como el bebé, en principio, no debe tomar cereales antes de los seis meses y a partir de los seis meses su aparato digestivo ya está preparado para recibir al gluten, los cereales sin gluten no son necesarios. Una cosa menos.

Las papillas infantiles “de siempre”, a examen

Salvo honrosas excepciones, lo habitual es que a partir de los seis meses los padres compren papillas infantiles comerciales. El abanico de opciones que hay de estos productos es infinito y la palabra favorita es “multicereales”. Se trata de una palabra de “amplio espectro” que comprende desde 5 hasta 555 cereales. También hay papillas con leche, con frutas, con fibra, con muesli, con galletas María.. Con la oferta actual, el niño podría tomar una diferente cada día del mes sin repetir.

¿Qué hay bajo todos estos nombres? Si rascamos un poco, tras todos los atributos, que en principio suenan saludables para nuestro bebé, nos encontramos con harinas refinadas que contienen entre un 20 y un 30% de azúcar. Sí, han leído ustedes bien: entre un 20 y un 30% de azúcar.

Pero existen las papillas “sin azúcar”… ¿son mejor opción?

En el mundo de las papillas infantiles hay que sacar la lupa y diferenciar entre papillas “sin azúcar” y papillas “sin azúcar añadido”. La mayoría de ellas, casualmente, pertenecen a este segundo grupo.

Os animo a invertir dos minutos haciendo una búsqueda rápida en Internet de cualquier papilla supuestamente “saludable”. De las que presumen de no contener “azúcares añadidos”. Si nos fijamos en la tabla nutricional, observaremos que el contenido de azúcar en esta papilla puede ser de un 20-30%. ¿Cómo es posible que tengan tanta cantidad de azúcar, si los cereales por sí mismos no tienen tanto azúcar y además no se les ha añadido azúcar?

No hace falta recurrir a Cuarto Milenio para resolver el misterio: la clave está en que los cereales industriales normalmente se dextrinan o se hidrolizan. ¿Y esto qué significa? Significa que el almidón, que está formado por azúcares que van cogidos de la manita haciendo una cadena, en la industria procesan cortándolo en trocitos de manera que los azúcares se quedan sueltos.

Sí, es cierto que la papilla no lleva azúcar añadido… es cierto que no le añaden azúcar… pero mediante este procesamiento del almidón, el producto acaba teniendo azúcar igualmente. Sea propio o añadido. Y este azúcar de las harinas hidrolizadas, ¡aquí viene la mala noticia! en el organismo del bebé se comporta igual.

¿Es aconsejable que las papillas infantiles tengan un 20-30% de azúcar?

La recomendación actual es que los niños menores de un año no tomen azúcar. 0% de azúcar. De hecho, desde la Academia Americana de Pediatría indican que los bebés ni siquiera deben tomar zumo por este mismo motivo. ¿Por qué? Ya sean azúcares añadidos o propios del alimento, si se encuentran de forma libre como en el caso de los zumos o de los cereales dextrinados, el niño detectará el sabor dulce y estaremos promoviendo que prefiera estos sabores.

En definitiva, después de darle a probar a la criatura las “mieles” de unas papillas con un 20-30% de azúcar, a ver quién es el listo que consigue que se aficione luego a una papilla de avena o de arroz. Igual no es una misión imposible… pero sí terriblemente complicada.

¿Existen papillas comerciales sin azúcares añadidos o dextrinados?

Haberlas haylas, pero pasa como con las meigas… que se esconden un poquito. Podemos reconocerlas buscando en el envase los datos de la tabla de composición nutricional. En la casilla de los azúcares encontraremos aproximadamente un 1%. ¡Un 1%! Del 1% al 30% de los anteriores hay una ligera diferencia, ¿verdad? El “pequeño” inconveniente de estas papillas infantiles es que su precio suele ser muy elevado.

¿Cuál sería la opción ideal de cereales para un bebé?

En realidad, no es necesario complicarnos tanto la existencia ni comprar cereales específicos. Lo cierto es que los bebés sanos, a partir de los seis meses, pueden tomar cualquier tipo de cereales. Sí, no hay ninguna razón cósmica que impida a un bebé tomar cereales como como por ejemplo el arroz. ¿Por qué darle a un bebé arroz cocido en papilla o chafado con un tenedor?  También son buena opción los copos de avena. Podemos cocerlos y triturarlos mezclándolos con leche, a modo porridge. Es una gran opción en la que podemos aprovechar para introducir frutas que combinan bien, como el plátano.

Ya, ya sé que todos vamos mal de tiempo hoy en día y es más sencillo añadir cereales de una caja de cartón que hacer un porridge…  pero en algún momento tendremos que empezar a “cocinar” para nuestros hijos. Hoy cueces avena y mañana cocerás lentejas, ¿qué diferencia hay?

Las ventajas de elegir cereales en su forma natural son múltiples: por un lado el bebé se acostumbra a sabores y texturas reales… ¡y además resulta mucho más barato!

Conclusión: ¿papillas infantiles sí o no?

Las papillas que se encuentran mayoritariamente en el mercado, con su 20-30% de azúcar incorporado, no están proscritas pero en ningún caso son la mejor elección para comenzar la alimentación complementaria.Si no nos apetece cocer avena, arroz u otros cereales de forma casera,  siempre podemos tirar de estos formatos como recurso. Eso sí, ya que lo hacemos… ¡que sea una opción de calidad! Busquemos aquellas papillas infantiles que estén fabricadas a base de cereales integrales y sin dextrinar. Cuesta un poco más encontrarlas… ¡pero cada vez son más populares!

Recordemos que con la alimentación complementaria es importante empezar bien, desde el primer día.


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Artículo elaborado Marián García, Doctora en Farmacia y dietista-nutricionista. Compagina la docencia en el Grado de Nutrición en la Universidad Isabel I con la divulgación en diversos medios como La 1 (Saber vivir), La 2, RNE o el periódico 20minutos. Es autora de varios libros y del blog Boticaria García que recibe más de un millón de visitas mensuales.