Mitos sobre alimentación

El mundo de la nutrición despierta gran interés, pero, al mismo tiempo, es muy susceptible a la especulación.

Mitos sobre alimentación

La alimentación es algo tan básico y a su vez tan esencial para la vida que da pie a que surjan teorías y creencias, que en muchas ocasiones tienen su origen en la propia opinión y experiencia personal, sin ninguna base científica. Y esto se magnifica cuando se trata de perder peso, pues la preocupación por estar dentro de los cánones de belleza actuales fomenta la aparición constante de nuevas dietas y hábitos, que cuanto más drásticos y raros son, más interés y curiosidad despiertan. Y, en muchas ocasiones, se trata de ideas distorsionadas que derivan en falsos mitos sobre alimentación y que lo único que hacen es crear confusión. Algunos de los mitos de los que seguro hemos oído hablar son:

La fruta después de comer engorda

Esta teoría no tiene fundamento científico. Está claro que, si no tomamos fruta en la comida y en la cena, reducimos las calorías en estas ingestas, pues estamos eliminando el postre. La fruta y la verdura constituye una fuente importante de vitaminas, minerales y fibra, así como de antioxidantes. Se recomiendan tres raciones diarias, y tomar una después de las comidas principales no implica un efecto “hipercalórico extra” más que el que supondría tomarla en otro momento del día.

No conviene mezclar hidratos de carbono y proteínas

Esta afirmación recomienda no mezclar alimentos ricos en hidratos de carbono (pasta, el arroz, la patata…) con alimentos proteicos (carne, pescado o huevos). Se basa en que estos nutrientes no pueden tomarse en la misma ingesta, pues para su digestión las proteínas requieren un medio ácido, y los hidratos de carbono, un medio alcalino. Se aplica sobre todo en procesos de adelgazamiento, en los que se afirma que la disociación es la clave de la reducción de peso. Lo curioso es que pueden dar resultado, pero no debido a la disociación en sí, sino a que son hipocalóricas, y además suelen seguirse con tanto entusiasmo por su carácter excepcional, que ayudan a que personas con previo desorden alimentario, sean capaces de poner orden en sus hábitos de alimentación y horarios. Hay que tener en cuenta que prácticamente todos los alimentos son por naturaleza mezclas de nutrientes, en los que encontramos diferentes proporciones de hidratos de carbono, proteínas, grasas, vitaminas y minerales, entre otros elementos nutritivos. Y nuestro sistema digestivo tiene la gran capacidad de digerir alimentos que contienen tanto proteínas como hidratos de carbono en las más variadas proporciones. Por tanto, esta teoría no se puede tomar en serio.

Las vitaminas engordan

De entrada, una dieta variada y equilibrada cubre los requerimientos diarios de vitaminas que necesita una persona. Pero en caso de darse una situación que requiera un suplemento vitamínico, hay que tener en cuenta que las vitaminas son micronutrientes acalóricos y no aportan calorías.

Todo lo integral adelgaza

Se tiende a relacionar los productos integrales con la pérdida de peso, y a pensar que tienen menos calorías que su versión refinada. Pero la diferencia no está tanto en las calorías, sino en el aporte de fibra y otros nutrientes. Los productos integrales se elaboran con el grano entero de los cereales, preservando el salvado y el germen, y a su vez su contenido en fibra y minerales. Es aquí donde se encuentra el beneficio de estos alimentos, que contribuyen al aporte de fibra diaria y a su vez enriquecen la dieta a nivel nutricional. Favorecen la saciedad y ayudan a regular el tránsito intestinal.

Evitar el gluten

El aumento de casos de celiaquía ha hecho que el gluten ya no nos resulte desconocido. De hecho, se ha hecho tan conocido que incluso la “dieta sin gluten” se ha puesto de moda. Pero un conocimiento incompleto sobre el tema ha favorecido que surjan teorías desacertadas que han motivado que muchas personas decidan eliminar el gluten sin necesidad y sin una prueba clínica previa que lo justifique. Una persona celiaca debe evitar el gluten, pero no hay evidencia que concluya que seguir una dieta sin gluten sea más saludable para el resto de la población. Antes de hacer un cambio de hábito alimentario tan importante como éste, es necesario consultar a un especialista.

Los frutos secos engordan

Se tiende a excluir este grupo de alimentos en dietas de control de peso, pero lo cierto es que los frutos secos, incluidos en una cantidad adecuada y dentro del marco de una dieta equilibrada, no tienen por qué favorecer el aumento ponderal. De hecho, hay estudios que muestran que la ingesta de 30 g de frutos secos diarios no sólo no impide perder peso corporal, sino que además ayuda regular el apetito y la ingesta total del día. Y es que pueden ser muy buenos aliados porque tienen gran capacidad saciante.

La lista de mitos y creencias alimentarias podría ser mucho más larga. Simplemente hemos de valorarlos desde cierta perspectiva y con sentido común, sin perder de vista el equilibrio nutricional.

Isabel López – Licenciada en Ciencia y Tecnología de los Alimentos – Diplomada en Nutrición Humana y Dietética – Nutricionista consultora de Advance Medical