Menos sal, más sabor

Estamos acostumbrados a la comida salada, pues son pocos los hogares que no añaden sal en la elaboración de sus platos diarios. De hecho, el consumo de sal en la población española está muy por encima de lo recomendado.

El hábito alimentario de salar los alimentos lo adquirimos desde la infancia, y cuesta cambiar con los años. Es más, acostumbramos tanto a nuestras papilas gustativas a lo salado, que los alimentos sin sal carecen de sabor para nosotros. No nos damos cuenta de que la sal enmascara en cierta medida el gusto original del alimento y de alguna manera nos estamos perdiendo los sabores más sutiles de éste. Pero al igual que nos acostumbramos a un cierto nivel de sal, podemos de la misma manera adaptarnos a una alimentación menos salada. Es fundamental empezar desde la infancia, pues será la que marque la etapa adulta y favorecerá el control de sodio en la dieta.

La sal o cloruro sódico (ClNa) es la mayor fuente de sodio de nuestra dieta. El sodio lo ingerimos no tan solo en forma de sal añadida en la elaboración de las recetas, sino también a través de alimentos que por naturaleza tienen altas concentraciones de sal (p. ej: quesos, embutidos) y otros procesados en cuya fabricación se han añadido aditivos que contienen sodio (p.ej: glutamato monosódico, potenciador del sabor).

Nuestro organismo necesita una determinada cantidad de sodio diario, que en su mayoría obtiene a través de la sal (NaCl), para mantener el equilibrio de líquidos y electrolitos y la excitabilidad normal del músculo en el cuerpo. Pero un consumo excesivo de sal puede acarrear consecuencias sobre la salud. Por un lado es bien sabido que el exceso de sodio es una de las causas de hipertensión arterial, que a su vez está correlacionado con la cardiopatía isquémica. Cuanta más sal introducimos en el organismo, más agua pasa a la corriente circulatoria y aumenta el volumen sanguíneo, forzándose al corazón para poder movilizar la sangre, y favoreciendo el aumento la presión arterial.
Pero la mayor parte de la población no conoce, y por lo tanto no es consciente, de los otros muchos efectos que puede ocasionar el constante abuso de este condimento a lo largo de su vida, como por ejemplo que favorece la eliminación de calcio por la orina, disminuyendo la cantidad de calcio en los huesos y que repercute de forma negativa sobre el filtrado renal y la formación de cálculos.

La Organización Mundial de laSalud (OMS) recomienda no superar los 5 g de sal por persona y por día. Pues bien, según datos de un estudio llevado a cabo por la AESAN (Agencia Española de Seguridad Alimentaria) y la Universidad Complutense de Madrid, el consumo medio de sal en España es de 9,7 g/persona/día, cantidad muy por encima de la recomendada por la OMS. Teniendo en cuenta esta información y las claras consecuencias del exceso de sal sobre la salud, algunas instituciones oficiales han elaborado planes de intervención dirigidos a la población para intentar cambiar esta habituación alimentaria. Reducir el consumo de sal a lo recomendado por la OMS disminuiría la prevalencia de ciertas enfermedades.
Se estima que un 70-80% de la sal ingerida proviene de alimentos procesados y es ingerida sin conocimiento del propio consumidor, pues se encuentra en el alimento de forma encubierta (p.ej: conservantes).
Las recomendaciones de consumo máximo diario de sal son: Adultos y niños mayores de 12 años, 5 g/día; niños hasta 12 años, 3 g/día.

¿Sabías que...?

¿Cómo reducir la sal en la dieta sin renunciar al sabor?

Para evitar que aparezcan problemas debe limitarse el consumo de productos salados (patatas fritas o aceitunas), condimentos que contengan sal, preparar las comidas con menos sal, no abusar de carnes saladas (jamón o embutidos) ni de los platos precocinados.

Isabel López - Diplomada en Nutrición humana y Dietética - Licenciada en Ciencia y Tecnología de los Alimentos - Nutricionista consultora de Advance Medical