Las emociones de los padres influyen en los hábitos alimentarios de los niños

Desde hace unos años se conoce la relación entre los malos hábitos alimentarios familiares y la obesidad infantil y las enfermedades cardiovasculares.

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Recientes estudios demuestran que no sólo los hábitos alimentarios familiares, sino también las emociones de los padres repercuten en los hábitos alimentarios de los niños. El estudio fue realizado por la Universidad de Alabama y por el Baylor College of Medicine en Houston.

En éste, participaron niños entre 3 y 5 años de 639 familias. Se demostró que los niños que pertenecían a familias en las que los padres eran más positivos tenían menos problemas para comer frutas y verduras. En cambio, las familias que gestionaban las emociones de manera negativa, tenían mayor problema para que sus hijos comieran frutas y verduras. El estudio, por tanto, concluye que además del temperamento del propio niño, las emociones positivas parecen ser fundamentales para desarrollar unos buenos hábitos alimentarios saludables en los niños.  

Recomendaciones para que el niño siga buenos hábitos alimentarios

Además de un ambiente positivo, algunas de estas recomendaciones pueden ayudar a los pequeños de la casa a comer sano:

  • La comida debe presentarse como un momento familiar donde compartir experiencias, pensamientos, etc. y aprender los unos de los otros. Un ambiente tranquilo y relajado ayudará a que estén más receptivos a probar cosas nuevas.
  • Predicar con el ejemplo: los pequeños de la casa suelen imitar a los mayores, por lo que no le digas lo que debe comer sino muéstrale como se hace, multitud de estudios demuestran que de padres que siguen una alimentación saludable, niños que comen de manera saludable.  
  • Evitar distracciones como la televisión, móviles, etc. mientras se come.
  • No ofrecer alimentos superfluos (chucherías, refrescos, bollería, etc.) ni antes ni durante la comida.
  • La comida debe presentarse de forma atractiva, variando colores, texturas… para que despierten su interés.
  • Hacer participar a los niños en la preparación de los platos: si los niños participan en la preparación de los platos suelen recibirlos de mejor manera.
  • No obligar al niño a comer algo concreto si no le gusta. Casi nunca funciona y crea rechazo. El alimento rechazado debe ofrecerse en varias ocasiones, hay que ser paciente y respetar el ritmo del niño, habitualmente con el tiempo suelen ser aceptados. Si un alimento en concreto no le gusta, no tenemos por qué obligarle a comerlo, seguro que hay otro con propiedades similares.
  • Respetar la cantidad que come el niño, ya que no todos comen las mismas cantidades. Forzarlos a comer más de lo que quieren (y necesitan) ayuda a promover la obesidad en un futuro.
  • Para comer de manera sana, deben estar presentes los alimentos sanos en casa. Tener la despensa llena de alimentos superfluos y pedir al niño que coma saludablemente es bastante incompatible.

Mónica Carreira – Diplomada en Nutrición Humana y Dietética – Máster en Nutrición pediátrica – Nutricionista consultora de Advance Medical