La necesidad de prevenir

Hay que prevenir la obesidad infantil. Descubre consejos para aprender a modificar hábitos de tus hijos y que no se conviertan en niños obesos.

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La obesidad ha aumentado dramáticamente en la población infantil. Según la OMS, entre 1990 y 2010 se ha triplicado el número de niños con obesidad en el mundo. Además, la obesidad infantil comienza cada vez a edades más tempranas.

Ante estos datos, cabe preguntarse cómo se ha llegado hasta aquí.

  1. ¿Por qué es importante la prevención?
  2. ¿Qué factores determinantes del estilo de vida se pueden modificar?
  3. La prevención de la obesidad infantil en el embarazo
  4. La lactancia materna
  5. La importancia del vínculo afectivo desde el nacimiento
  6. Las experiencias alimentarias precoces
  7. Factores relacionados con la alimentación del niño
  8. Factores relacionados con la actividad física y el juego
  9. Factores relacionados con el sedentarismo
  10. La relación familiar, un factor fundamental
  11. Recursos prácticos para familias

Sabemos que el sobrepeso y la obesidad infantil se deben a múltiples causas, a menudo enlazadas entre sí, en las que confluyen factores genéticos, hormonales, estilos de vida e influencias ambientales. Si bien hay algunas personas más susceptibles que otras a ganar peso, lo importante es la interacción entre la genética (la predisposición individual) y el ambiente (el estilo de vida) para lograr el peso ideal.

Durante milenios, la humanidad sufría escasez de alimentos, de modo que la selección natural favoreció genéticamente a aquellos individuos con el metabolismo energético más ahorrador (hipótesis del "gen ahorrador"). Con la aparición de la agricultura hace unos 14.000 años se garantizaba el suministro estable de alimentos, pero las actividades de la vida diaria todavía requerían un gasto considerable de energía.

Hace unos 50 años, se produjeron cambios radicales en la disponibilidad de alimentos y a la vez se necesitaba menos gasto de energía. Por ello, se considera muy probable que la actual epidemia de obesidad sea el resultado de nuestra herencia evolutiva al interactuar con la sociedad que favorece la alimentación en exceso, la inactividad y el sedentarismo como se indica en un artículo de The Lancet.

Así, el ambiente o entorno en el que vivimos y nuestra forma de vida son los factores que tienen una mayor relación con esta problemática. Lo más importante es que son causas modificables, y por tanto se puede actuar mediante la prevención.

En este sentido, la familia tiene un papel fundamental para crear y desarrollar unos hábitos saludables en su hijo o hija desde pequeños, ya que estos hábitos perdurarán a lo largo de su vida.

¿Por qué es importante la prevención?

El sobrepeso y la obesidad infantil se pueden prevenir, al igual que otros problemas de salud conocidos como “enfermedades crónicas no transmisibles” (enfermedades cardiovasculares, diabetes, cáncer, enfermedad pulmonar obstructiva ...).

Sabemos que el origen de la obesidad proviene de un desequilibrio entre la ingesta calórica y el gasto. La interacción entre factores genéticos y factores ambientales provoca este desequilibrio energético, siendo los factores derivados del estilo de vida los que ejercen más influencia. Estos factores son conocidos como “determinantes de estilo de vida”.

La OMS y otras autoridades sanitarias consideran que la mejor opción para frenar el crecimiento de la obesidad infantil es la prevención, lo que significa actuar sobre estos factores.

En la prevención hay dos niveles:

- La “prevención primaria”: se trata de medidas para disminuir la incidencia de una enfermedad, reduciendo el riesgo de nuevos casos. Están dirigidas a toda la población. En el caso de la obesidad infantil consiste en la promoción de hábitos saludables.

- La “prevención secundaria”: consiste en actuaciones para disminuir la prevalencia de una enfermedad, reduciendo su evolución y duración. Se realizan en una población considerada de riesgo. Se trataría, por ejemplo, actuaciones con niños con exceso de peso, sedentarismo o malos hábitos alimentarios.

La prevención primaria es la que más interesa, ya que esta va dirigida a toda la población en general y en el caso de la obesidad infantil tiene como objetivo promover unos hábitos más saludables que favorezcan un mejor estado de salud física, psíquica, emocional y social.

Definición de educación para la salud según el glosario de la OMS:

 «La educación para la salud aborda no solamente la transmisión de información, sino también el fomento de la motivación, las habilidades personales y la autoestima, necesarias para adoptar medidas destinadas a mejorar la salud».

¿Qué factores determinantes del estilo de vida se pueden modificar?

Las medidas de prevención de la obesidad y el sobrepeso en la infancia consisten en desarrollar unos hábitos y estilos de vida más saludables desde muy pequeños, ya que lo más probable es que se mantengan a lo largo de toda la vida.

La prevención de la obesidad infantil en el embarazo

Se sabe que durante el embarazo, el sobrepeso de la madre y el tabaquismo van a predisponer al bebé para que desarrolle obesidad. El elevado peso al nacer o una rápida ganancia de peso del bebé en los primeros meses están relacionados con estos factores.

Por tanto, ya desde el embarazo conviene mantener unos hábitos saludables y realizar el seguimiento médico adecuado.

La lactancia materna

Los primeros meses de vida son una etapa crucial para la salud del bebé. La lactancia materna aporta numerosos beneficios para la salud y es eficaz en la prevención de la obesidad infantil.

La OMS recomienda la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses y, si es posible, continuarla, hasta los 2 años complementándola con la incorporación de alimentos. Pero además, aporta también un beneficio emocional ya que fortalece el vínculo afectivo entre la madre y el bebé, que es otro factor relacionado con la prevención de la obesidad.

La importancia del vínculo afectivo desde el nacimiento

Desde las primeras interacciones madre-bebé, la construcción del vínculo afectivo seguro (llamado “apego”) constituye un aspecto central en el desarrollo vital de la persona. Hay estudios que han demostrado que un vínculo inseguro sostenido en los 2 primeros años de vida se asocia con respuestas al estrés y conductas poco saludables que pueden conducir al riesgo de obesidad infantil y sobrepeso a los 4-5 años, y en la adolescencia.

Las experiencias alimentarias precoces

Las experiencias alimentarias tempranas juegan un papel predominante en la evolución de la regulación energética a largo plazo y en la obesidad.

La incorporación demasiado temprana de los alimentos sólidos después de la lactancia se ha relacionado con la obesidad infantil. Conviene introducir estos alimentos hacia los 6 meses, de forma progresiva.

Por otro lado, cuando se introduce la alimentación complementaria, el bebé puede mostrar rechazo a los nuevos sabores. La “neofobia alimentaria”, más intensa en unos niños que en otros, es un mecanismo innato, natural, y por ello la introducción de nuevos alimentos ha de ser progresiva con el fin de lograr una correcta adaptación de los nuevos sabores y que el bebé llegue a comer de todo.

Por otro lado, los bebés tienen un sistema innato de “autorregulación energética” que permite detectar las sensaciones de hambre y de saciedad. Así, cuando el bebé está saciado suele rechazar la comida. En esta situación conviene respetar la capacidad del niño para regular su propia ingesta de calorías.

La inseguridad sobre si el bebé está suficiente saciado puede conducir a darle más alimento del que necesita. Si esto se repite de forma continuada, puede llegar a perder la señal interna de saciedad y a lo largo de su vida tenderá a comer más cantidad de la necesaria.

Factores relacionados con la alimentación del niño

Hay factores relacionados con la alimentación del niño que pueden influir en que sufra obesidad infantil. Son los siguientes:

  • El consumo de frutas y verduras
    • La recomendación de consumo de frutas y verduras es de 5 raciones al día (2/3 frutas y 2/3 raciones de verdura). El insuficiente consumo favorece la aparición de la obesidad infantil, debido a que las de frutas, verduras y hortalizas contienen multitud de nutrientes esenciales para un adecuado desarrollo en la etapa infantil como la fibra, las vitaminas o los carbohidratos (azúcares saludables).
  • Arroz, pasta, pan y cereales (integrales, a poder ser)
    • Su consumo a diario es importante en la infancia ya que estos alimentos constituyen una parte básica del aporte energético para llevar a cabo las actividades diarias. Se deben incluir en prácticamente en todas las comidas del día, y si pueden ser integrales, mucho mejor debido a su mayor contenido de fibra.
  • Consumo de 1 lácteo en el desayuno
    • Quesos, yogurt natural y leche deben ser consumidos diariamente, evitando los que pueden tener un alto contenido en grasas o azúcares refinados, ya que pueden favorecer la obesidad infantil. Son importantes por su aporte energético y por contener calcio, esencial para el crecimiento y el fortalecimiento de huesos y dientes, entre otras propiedades.
  • Aceite de oliva para todas las recetas
    • Usado con moderación es uno de los grandes valores para la salud de nuestra cultura mediterránea, especialmente el denominado virgen extra, ya que es una fuente de ácidos grasos saludables esenciales en cualquier etapa de la vida.
  • El consumo de pescado, legumbres y frutos secos
    • Alimentos como ciertos tipos de carne, pescado, huevos y legumbres aportan proteínas y deberían consumirse regularmente cada semana. Lo mismo sucede con los frutos secos que aportan multitud de minerales y ácidos grasos saludables, entre otros nutrientes. Las legumbres como los guisantes, habas, lentejas, garbanzos a judías son una gran fuente de proteínas vegetales además de tener un alto contenido en fibra. Se recomienda un consumo de 3-4 veces a la semana como plato principal o más frecuente si se combinan con otros alimentos y no como plato principal.
  • Disminuir el consumo de sal
    • Los alimentos ya contienen cantidades variables de sal. Tomando los alimentos con cantidades moderadas de sal, el niño apreciará mejor el sabor de los alimentos y adquirirá hábitos que se mantendrán a lo largo de la vida adulta.
  • Los snacks, chucherías, azúcares y bollería industrial, así como las bebidas azucaradas (entre ellas los refrescos y los zumos envasados)
    • Deberían ser de consumo meramente ocasional. Los azúcares y grasas que aportan este tipo de alimentos son de bajo valor nutricional.
  • El desayuno, una de las comidas más importantes del día
    • Desayunar de forma completa antes de salir de casa cada día resulta un hábito muy saludable para prevenir la obesidad infantil, ya que el cuerpo humano realiza una primera ingesta después de muchas horas continuadas de ayuno. Un completo desayuno debe contemplar alimentos como farináceos, lácteos y fruta y nos prepara para un óptimo desarrollo de las actividades diarias.
  • El tamaño de las raciones en función de cada edad
    • Junto a la gran disponibilidad de alimentos, se ha producido un fenómeno de aumento del tamaño de las raciones que toman los niños. La sobrealimentación da lugar a sobrepeso y obesidad. Por ello, se recomienda servir las raciones adecuadas a cada edad del niño. También es importante ofrecer la oportunidad de repetir aquellos alimentos más saludables, como la ensalada o la fruta, y no ejercer una presión para que se termine toda la cantidad de alimento que hay en el plato una vez el niño o la niña ya ha realizado una ingesta suficiente y equilibrada.
  • Comer 5 veces al día
    • Se considera recomendable que haya una ingesta cada 3 horas aproximadamente, equilibrando así los nutrientes ingeridos. Conviene evitar que el organismo sufra largos periodos sin aporte energético, ya que de ese modo la ingesta es más pausada y equilibrada. Hay que evitar ingerir otros alimentos entre las comidas.
  • Beber agua
    • El agua es la mejor bebida para hidratarse y, además, es la única bebida imprescindible. En la etapa infantil el agua ha de ser la bebida por excelencia.

Factores relacionados con la actividad física y el juego

La OMS recomienda que niños y adolescentes realicen un mínimo de 60 minutos de actividad física al día, incluyendo actividades de la vida cotidiana -caminar, subir escaleras, ir patinete o ir caminando o en bicicleta al colegio- y actividades deportivas como el baloncesto, natación o fútbol.

En la infancia, la actividad física siempre debe ir acompañada de diversión. Los niños aprenden jugando y a menudo el juego es en movimiento. Por este motivo cualquier actividad que implique movimiento es una excelente oportunidad educativa que puede llegar a generar emociones muy agradables que reforzaran el mantenimiento de esa actividad.

  • La actividad física cotidiana 
    • El día a día ofrece multitud de oportunidades para educar en hábitos de actividad física a los más pequeños de la casa. Ir caminando al colegio, utilizar las escaleras en lugar de los medios mecánicos, ayudar en las tareas domésticas y colaborar en la compra, etc. son excelentes oportunidades para realizar actividad física, además de favorecer la colaboración y la comunicación familiar.
  • Actividad física en el recreo 
    • En el colegio, los recreos de media mañana o de mediodía son momentos óptimos para promocionar la actividad física. Sabemos que a veces el patio de recreo está monopolizado por deportes como el fútbol, relegando a los niños que no participan en esta actividad a permanecer más sedentarios. Estos espacios de recreo pueden ser la oportunidad de realizar diferentes tipos de actividades y juegos que motiven a la mayoría y que permitan que se activen, sin fomentar desigualdades de género o de condición física.
  • Actividades extraescolares entre semana 
    • Las horas lectivas dedicadas actualmente a la Educación Física son consideradas insuficientes. Muchos niños y niñas realizan actividades extraescolares de tipo deportivo o baile, aunque también existen otras oportunidades para jugar como ir al parque, participar en actividades deportivas al aire libre.
  • El fin de semana como gran oportunidad para la actividad física en familia 
    • El fin de semana resulta un muy buen momento para realizar actividad física en familia, como pasear por las rutas saludables urbanas, ir al parque o hacer senderismo por la montaña. Los beneficios son múltiples, tanto para la población infantil como adulta.

Factores relacionados con el sedentarismo

Hay factores relacionados con el sedentarismo que influyen en si un niño va a tener sobrepeso u obesidad. Son los siguientes:

  • Las horas de televisión y uso de pantallas 
    • La sociedad actual es cada vez más sedentaria. Ha aumentado el número de horas dedicadas a actividades sedentarias como el uso de pantallas, la televisión, la videoconsola, el móvil... La OMS recomienda limitar el uso de pantallas a un máximo de 2 horas al día para un adecuado desarrollo físico, psicológico y social. Además, es aconsejable que la habitación de los niños no disponga de televisor ni de otros aparatos electrónicos.
  • Las horas de sueño 
    • Las horas y calidad del descanso resulta un factor causal que a menudo es poco conocido. En general, los pediatras recomiendan que los niños en edad escolar duerman de 10 a 11 horas diarias, y que los preescolares lo hagan entre 11 y 13 horas. Las horas de sueño suponen un factor predictor de la alimentación y de la actividad física, condicionando el seguimiento de un estilo de vida saludable vinculado a ambos. La población infantil que no cumple con las recomendaciones de descanso necesita la ingesta de una mayor cantidad de alimentos para sentirse saciados y que además su cerebro demanda alimentos más hipercalóricos. Se estima que los niños/as que no cumplen con las recomendaciones de horas de sueño pueden llegar a tener el doble de riesgo respecto los que sí las cumplen de padecer sobrepeso u obesidad a lo largo de la infancia.

La relación familiar, un factor fundamental

La familia es la estructura básica de la sociedad. En ella se adquieren hábitos que pueden influir en que un niño sufra obesidad.

  • La familia, el ejemplo para los pequeños 
    • Los padres son el modelo de referencia para los hijos. De ellos aprenden actitudes, comportamientos y estilos de vida. Si los progenitores consumen frutas y verduras, o si realizan actividad física en el tiempo de ocio, es decir, si tienen una actitud favorable hacia estos estilos de vida y la aplican en su vida cotidiana, favorecerán que su hijo también lo haga.
  • La comunicación familiar 
    • Un modelo comunicativo asertivo consiste en escuchar al hijo y hablar con él de sus experiencias cotidianas. Momentos como la hora de la cena o los fines de semana, en los que es frecuente que las familias puedan hacer actividades conjuntas, pueden suponer grandes oportunidades para hablar con su hijo.
  • Comer o cenar en familia
    • El hecho de comer o cenar en familia es beneficioso en diferentes sentidos, incluyendo la reducción de la probabilidad de padecer obesidad a lo largo de la infancia. Entre otras cosas, permite la conversación y favorece la cohesión familiar; es el momento en que se transmiten los valores y preferencias culturales sobre los alimentos, y también cuando se educa sobre los modales en la mesa. También facilita que los niños coman de forma más pausada, que saboreen mejor los alimentos y les de tiempo a que las señales de saciedad se activen. Se recomienda evitar que los niños coman solos delante de la televisión o jugando con la tableta. Otro aspecto importante consiste en las estrategias a la hora de la comida con sus hijos, en particular en relación a la alimentación. Usar los alimentos como amenaza o como recompensa va a influir negativamente en los hábitos futuros. En cambio, son más positivas las estrategias de considerar las preferencias del niño, animarle o negociar con él, basadas en el respeto, ya que favorecen una relación más adecuada del niño con los alimentos.
  • La construcción de límites en el seno familiar 
    • Las sociedades occidentales han tendido a un cambio en el modelo educativo de los padres con sus hijos. En pocas generaciones hemos pasado de un modelo muy autoritario basado la respuesta agresiva e imperativa ante los comportamientos infantiles a un modelo mucho más laxo en el que a menudo no se establecen los límites necesarios para un adecuado desarrollo infantil. Para construir límites es necesario establecer rutinas: crear un horario de ir a dormir, limitar el consumo de golosinas… Los límites son necesarios a lo largo del desarrollo y hacen que la población infantil crezca de forma segura y confiada.
  • El uso de alimentos como premio o como castigo 
    • Es mejor no asociar un alimento gratificante a premio o recompensa. Por ejemplo, comprarle un helado si su hijo hace algo bien, ya que se favorece que el niño en el futuro puede buscar gratificaciones a través de los alimentos placenteros. Lo mismo se puede decir de prohibir un alimento que gusta al niño, pues esto le puede estimular todavía más el deseo de tomarlo. Por otro lado, siempre es mucho más educativo y eficaz premiar un comportamiento adecuado que castigar un comportamiento poco saludable. Por ejemplo, si su hijo no quiere comer la fruta del postre será contraproducente castigarle por este comportamiento ya que asociará la fruta a una experiencia emocional poco agradable y puede generarle una barrera o rechazo hacia este. Por el contrario si le animamos a acabarse esa fruta y le proponemos una recompensa posterior como ir a jugar al parque al juego que más le guste, se aumenta la probabilidad de que el comportamiento saludable se lleve a cabo y que además se consolide dentro de su conducta.

Recursos prácticos para las familias

Pirámide NAOS

Describe los diferentes alimentos y la frecuencia más adecuada.

Decálogo de la AEPAP

Editado por la Asociación Española de pediatría de Atención Primaria.

Decálogo de la dieta mediterránea para niños

http://www.alimentacion.es/es/conoce_lo_que_comes/cocinar_en_familia/decalogo/#

Deca-Thao

(adaptación)

Documento “Come sano y muévete: 12 decisiones saludables”. Estrategia NAOS.

http://www.msssi.gob.es/gabinetePrensa/notaPrensa/pdf/ComeSanoyMuevete12decisionesSaludables.pdf.

Los 10 mejores consejos “La salud en la mesa.

(Del Instituto DKV de la Vida Saludable).

[7] Estudio ambiente durante la hora de la comida en la infancia. (un estudio observaciones sobre la socialización que ejercen los padres sobre los niños y niñas), 2014. En: Instituto DKV de la Vida Saludable (online).


La información para este artículo ha salido de los documentos del proyecto Apptivate de DKV contra obesidad infantil que impulsan la Universidad de Padres y el Instituto DKV de Vida Saludable. La Universidad de Padres nació con el objetivo de concienciar a la población sobre que para luchar contra la obesidad infantil es necesario cambiar hábitos y el estilo de vida de niños y adolescentes, y para ello resulta clave la implicación de las familias. Con este objetivo, han creado junto con el Instituto DKV de Vida Saludable distintas fichas sobre aspectos relacionados con la alimentación. Además de la ficha 7 que hemos utilizado para realizar el artículo, existen todas estas:

Combatir la obesidad infantil es una prioridad. Para hacerlo de forma amena, hemos creado un videojuego junto a los youtubers aLexBY11, Willyrex, Vegetta777 y sTaXx. La clave para vencer la obesidad infantil es no darle nunca al pause y por ello contamos con la app Runners 4health con la que los niños aprenderán a vencer el sedentarismo y llevar una vida sana. 

Combatir la obesidad es uno de nuestros propósitos. Por eso, contamos en nuestro blog con varios artículos que nos ayudarán a ello:

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