El yodo y su importancia en la dieta

El yodo, obtenido en pequeñas cantidades a través de la alimentación, es esencial para el funcionamiento del organismo. Sin embargo, la falta de yodo es más común de lo que pensamos. En la mayoría de ocasiones esta escasez se debe a la poca presencia de yodo en el agua, en los alimentos de una determinada zona geográfica y en el terreno donde cultivamos ciertos vegetales, así como a un bajo consumo de pescado (en las zonas donde no hay mar).

Relación con la tiroides

La función principal del yodo es sintetizar las hormonas tiroideas, que regulan el metabolismo de todos los órganos y sistemas. Por este motivo, la carencia de este elemento en la dieta puede provocar bocio, hiperplasia (crecimiento desproporcionado) de la glándula del tiroides debido al esfuerzo que ha de hacer ésta para producir su hormona, la tiroxina. Cuando afecta a una gran parte de la población se llama bocio endémico.

Ciertas dietas requieren mayor cantidad de yodo

La cantidad diaria recomendada para la población adulta es de 150 µg de yodo al día. Sin embargo, esta cantidad puede variar en función de la edad, el sexo y las situaciones especiales como el embarazo, en el que se precisaría más cantidad.

En caso de ser una dieta con agentes bociógenos (sustancias presentes de manera natural en ciertos vegetales que entorpecen la acción del yodo y, por tanto, bloquean la síntesis de hormona tiroidea, favoreciendo la aparición de bocio) la cantidad de yodo debe aumentarse a 200-300µg al día.

Las verduras que contienen este tipo de sustancias son las pertenecientes a la familia de las crucíferas, como la col o el repollo, la coliflor, las coles de Bruselas y el brócoli, así como los nabos, la soja y la mostaza.

Las sustancias bociógenas se inactivan mediante el calor, por ello es recomendable someter los alimentos, con riesgo de bocio, a cocción y no consumirlos en crudo ni en gran cantidad.

Alimentos que debemos incluir en la dieta para asegurar el aporte de yodo diario

Los alimentos con mayor contenido en yodo son los de origen marino, como el pescado, el marisco, los cefalópodos (sepia, calamar) y las algas.

La sal yodada también es una buena fuente de este elemento, por lo que su consumo suele aconsejarse como sal de mesa, sobre todo en las zonas más susceptibles de padecer bocio.

Las frutas y hortalizas son grupos de alimentos con aportes muy variables de yodo, pues depende de las condiciones de cultivo.

Atención al exceso

El exceso de yodo también puede dar problemas de salud, sobre todo en personas que ya tienen problemas de tiroides (nódulos, hiper o hipotiroidismo, y enfermedad autoimmune de la tiroides). Tomar cantidades elevadas de yodo a través de la dieta, medicamentos u otros tratamientos puede causar o empeorar la enfermedad.

Isabel López - Licenciada en Ciencia y Tecnología de los Alimentos - Diplomada en Dietética y Nutrición Humana - Nutricionista consultora de Advance Medical