Dulces caseros, alternativa a la repostería industrial

Ante las excepcionales circunstancias que nos han llevado a un confinamiento de más de 60 días, las actividades para sobrellevar mejor estos días en casa han sido múltiples y muy variadas: desde practicar rutinas de ejercicio físico o arreglar la casa, hasta hacer el cambio de la ropa de nuestro armario.

Dulces caseros

Uno de los entretenimientos que más ha destacado durante el confinamiento, sobre todo en hogares con niños, es el de las elaboraciones de bizcochos, pan y otros dulces caseros.

Cocinar es un acto que nos puede llegar a relajar mucho y para los niños es una actividad muy didáctica ya que con ello aprenden valores como la paciencia y el respeto por la comida, además de potenciar su creatividad: en el caso de los bizcochos o elaboraciones dulces caseros la recompensa para ellos y los adultos es inmediata ya que un simple trozo de bizcocho o postre casero puede producir cierto grado de satisfacción y placer no sólo por su sabor dulce sino por el hecho de comer algo que hemos elaborado nosotros mismos.

El yodo es un mineral que únicamente encontramos en nuestra dieta, por lo tanto, incluir alimentos con yodo nos ayudará a tener unos niveles óptimos y por consiguiente, tener un aporte necesario para las hormonas tiroideas.

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Sin embargo, el hecho de hacer este tipo de elaboraciones de forma continuada en casa puede llevarnos a un consumo excesivo y, aunque sean caseras, conllevan un exceso de azúcares y harinas que puede derivar en cierta adicción ya que la tendencia a consumir estas preparaciones conduce a elevar el umbral de sabor dulce que acepta nuestro paladar.

No todos los dulces caseros son iguales

La calidad nutricional de los dulces caseros depende directamente de los ingredientes que lleve: no es lo mismo hacer un bizcocho con harina blanca y azúcar que otro con harina integral y plátano o dátiles para sustituir ese azúcar. Efectivamente hay diferencias y siempre será más saludable aquella elaboración que no contenga azúcares, harinas refinadas ni grasas “trans” (la margarina es una de ellas).

Por suerte, hoy en día tenemos al alcance multitud de recetas en las que podemos distinguir ingredientes nada propios de los bizcochos de “nuestras abuelas”. Para dar un ejemplo de ingredientes que pueden formar parte de los dulces caseros encontramos:

  • Dátiles: se suelen triturar e incorporar en muchas recetas en sustitución del azúcar ya que el dátil es un fruto que contiene azúcares propios por lo que se considera un endulzante natural.
  • Edulcorantes acalóricos: la estevia, la sucralosa, el lactitol o el eritritol tienen en común su poder endulzante sin aportar calorías y son aptos para soportar las temperaturas que se necesitan para hornear bizcochos, madalenas, etc. El único problema que puede dar un exceso en su consumo es la producción de gases y alteraciones en el tracto intestinal.
  • Frutas: ya sean plátanos, arándanos, manzanas… no sólo se utilizan en la decoración, sino que forman parte de las masas de galletas o pasteles ya que contienen azúcares naturales (fructosa), permitiendo disminuir o evitar la adición de azúcar en su elaboración. Además, si utilizamos la fruta en su totalidad (con la pulpa) también nos beneficiamos de su fibra.
  • Calabaza o boniato: son vegetales ricos en almidones y azúcares propios que se pueden utilizar en varias preparaciones, aportando un sabor diferente y más exótico al producto final.
  • Harinas integrales de centeno o avena: la creciente disponibilidad de estos productos ha hecho que nos animemos a introducirlos en estas elaboraciones en sustitución de la convencional harina de trigo blanca.
  • Cacao puro: su calidad nutricional no tiene nada que ver con las tabletas de chocolate con leche cuyo principal ingrediente es el azúcar seguido de manteca de cacao. El cacao puro, aunque es más amargo, nos puede proporcionar los aromas agradables del cacao y hará que acostumbremos nuestro paladar a sabores menos dulces.

Manifiesto del azúcar

Dulces caseros: ¿son más saludables que los comerciales?

¡Definitivamente, sí! Hacer dulces caseros siempre será más saludable que consumir cualquier otro producto de bollería industrial prefabricada ya que en casa podemos controlar qué ingredientes y en qué cantidades los utilizaremos para nuestro producto final, ya sea un bizcocho, una tarta, un flan o unas magdalenas. Sin embargo, hay que remarcar que la respuesta a esta pregunta se refiere a que son más saludables que sus análogos ultra-procesados que podemos encontrar en los supermercados y eso no implica necesariamente que sean preparaciones saludables “per se”.

De la misma manera, también debemos tener en cuenta que en las recetas de dulces caseros supuestamente saludables que encontramos en las redes hoy en día, se utilizan reclamos como “sin gluten”, “sin lactosa” o “sin azúcar” que nos pueden llegar a confundir pensando que, por el simple hecho de eliminar un nutriente concreto, la receta será más saludable. Nada más lejos de la realidad: podemos encontrar un bizcocho sin gluten con una cantidad muy elevada de azúcar o galletas “sin azúcar” con un contenido en grasas nada recomendable. Por ello hay que empezar a entender que el concepto “casero” nos puede dar una falsa sensación de seguridad y, por ende, consumirlos en demasiada frecuencia pensando que su ingesta nos proporcionará algún beneficio en nuestra salud.

En resumen, es importante tener en cuenta que este tipo de productos caseros pueden formar parte de una celebración o consumo ocasional, pero no deberían estar presentes en nuestro día a día ya que desplazan el consumo de otros alimentos más adecuados para tomar cuando nos apetece algo dulce como pueden ser las frutas frescas o las frutas secas que son, al fin y al cabo, la alternativa más saludable.

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