Conservación de los alimentos

Para todos los alimentos, son necesarias unas determinadas precauciones para mantenerlos en perfectas condiciones mientras los transportamos y antes de ser consumidos. En general, cuanto mayor sea el contenido en nutrientes y en agua, mejor medio de cultivo será el alimento para que se desarrollen en él los microorganismos que lo deterioran. Así, el pescado, la carne, los lácteos o los huevos, que tienen muchos nutrientes y una cantidad de agua entre el 60 y el 80 %, son los alimentos que antes se alteran.
Por el contrario, las pastas, los frutos secos o las legumbres, sin apenas contenido en agua, o las mermeladas, que tienen una elevada proporción de azúcar, requieren menos cuidados a la hora de conservarlos, ya que en ellos los microorganismos se desarrollan mal. Lo mismo ocurre con los que tienen mucha grasa o mucha sal, medios hostiles que impiden o retrasan el desarrollo de los microorganismos que los deterioran.
Para conservar los alimentos, podemos emplear distintas formas. Hay algunos que necesitan calor, otros frío, a otros no les puede dar la luz y otros que tienen que estar sin oxígeno o sin humedad. Pero todas ellas con un objetivo: que se encuentre en perfectas condiciones cuando sea consumido