Beneficios de reducir el consumo de carne

Si estás pensando en reducir tu consumo de carne ya sea por tu salud o por la del planeta, en este artículo podrás conocer todas las ventajas de reducir su consumo y cómo sustituir estos alimentos por otros con nutrientes similares, incluso más beneficiosos par ala salud.

reducir el consumo de carne

Hasta hace no tantos años, la carne sólo se consumía en ocasiones especiales, y se asociaba a salud y bienestar. Hoy en día hay una gran oferta de productos cárnicos que el consumidor puede obtener a un precio asequible y sin la necesidad de racionar las cantidades como hacían nuestros abuelos.

¿Existe un consumo de carne excesivo?

La variedad alimentaria es tanta y tan abundante que se puede hablar de sobrealimentación. Sin embargo, las tendencias de consumo van cambiando, y sea por salud u otros motivos, son muchas las personas que han decidido dejar o reducir el consumo de carne y derivados cárnicos. De hecho, aparecen nuevas opciones alimentarias, siendo una de ellas la dieta “flexitariana” o dieta vegetariana flexible que, sin excluirla del todo, sí limita el consumo de carne, manteniendo algo de pescado y huevos y priorizando el consumo de alimentos de origen vegetal (verduras, frutas, frutos secos, cereales y legumbres).

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Qué ventajas tiene un consumo de carne moderado

Menor riesgo de padecer ciertas enfermedades crónicas

Fue la Organización Mundial de la Salud (OMS) en octubre de 2105 la que publicó la noticia de que existe cierta relación entre el consumo de carne roja y, sobre todo consumo de carne procesada, con algunos tipos de cáncer, entre ellos el colorrectal. De ahí que aconsejaran moderar su consumo. No se han definido qué componentes son los responsables exactos, pero, en general, la carne, y sus derivados contienen elementos que en función de los métodos de cocción utilizados (altas temperaturas), y en cantidades elevadas pueden ser perjudiciales para la salud. Por tanto, un consumo moderado va a aportar proteínas de alto valor biológico, de vitamina B12 y hierro, de forma eventual, pero disminuyendo el riesgo de desarrollo de las enfermedades asociadas.

Menor riesgo cardiovascular

Aunque la carne es fuente de proteínas de alto valor biológico, también lo es de grasa saturada y colesterol. Reduciendo el consumo de carne, se disminuye la presencia de este tipo de grasa en la dieta diaria. Aún más cuando se trata de derivados cárnicos, que suelen tener mayor contenido graso, así como de sal, tan asociada a la hipertensión arterial. Por tanto, reducir el consumo de este tipo de alimentos va a ayudar a disminuir el riesgo cardiovascular. Según la OMS, la ingesta de grasas saturadas debería representar menos del 10% de la ingesta calórica total. Por eso, puestos a escoger, mejor optar por cortes magros de carne y retirar la grasa visible.

Más fibra y antioxidantes

Una dieta con poca carne (y pescado) ha de estar bien compensada con el aporte de otras fuentes proteicas y, aparte de la del huevo y los lácteos, es importante considerar las proteínas de origen vegetal (legumbres, cereales, frutos secos…). Al potenciar estos grupos de alimentos, la dieta va a resultar más rica en fibra, y va a favorecer un buen tránsito intestinal y la prevención de enfermedades derivadas del estreñimiento. También va a ser más rica en nutrientes esenciales, como vitaminas, minerales y sustancias fitoquímicas. Entre éstas, hay gran variedad de antioxidantes naturales, con efecto protector a nivel celular frente a las reacciones de oxidación, pudiendo resultar favorables en la prevención de determinadas enfermedades degenerativas.

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Menos impacto medioambiental

Además de por salud, y por respeto animal, este es otro punto que preocupa a muchas personas. Y es que la producción ganadera implica gran impacto medioambiental. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el sector es responsable de la emisión del 14,5% de los Gases de Efecto Invernadero (GEI).

Los derivados cárnicos

Sin dejar de lado a la carne roja, son quizá los derivados cárnicos los que tienen un papel más controvertido en una dieta equilibrada. Generalmente tienen mayor contenido de grasa y sal, y su elaboración implica el uso de conservantes, que aunque a priori son inocuos, dependiendo de varios factores, pueden convertirse en otros elementos no deseables para la salud. Y aunque no se fija el límite de carne procesada que se debería tomar, sería conveniente evitar el consumo de procesados de manera habitual.

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Isabel Lopez

Artículo de Isabel López

Dietista nutricionista, experta en prevención de la obesidad.

Licenciada en Ciencia y Tecnología de los Alimentos. Diplomada en Nutrición Humana y Dietética. Postgrado en Nutrición y Obesidad. Actualmente forma parte del equipo de nutrición de Advance-Medical (Teladoc Health).

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