Abuso del azúcar en dietas infantiles

La prevalencia del sobrepeso y la obesidad en la infancia sigue siendo alta en la actualidad, y pone en evidencia una falta de buenos hábitos alimentarios en muchas familias.

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Son varios los estudios y campañas que se han puesto en marcha para poder evaluar el problema y sensibilizar a la población sobre el mismo. El objetivo sería que niños y jóvenes adopten hábitos saludables que apliquen a lo largo de la vida, para evitar que en su etapa adulta puedan padecer alguno de los problemas de salud relacionados con la obesidad, como son las enfermedades metabólicas y cardiovasculares. Del estudio ALADINO 2103 (Estudio de Vigilancia del Crecimiento, Alimentación, Actividad Física, Desarrollo Infantil y Obesidad en España) se deduce que en España el exceso de peso en niños y niñas de 7 y 8 es del 43 % (24,6 % con sobrepeso y 18,4 % con obesidad), cifras que, aún siendo un poco más bajas con respecto a las obtenidas en 2011, siguen siendo elevadas. La causa suele ser la mala conjunción entre sedentarismo e ingesta de alimentos hipercalóricos ricos en grasas y azúcares simples, que además son pobres en vitaminas y minerales. 

Cómo empieza la habituación al dulce

En relación al azúcar simple, decir que se trata de un hidrato de carbono de absorción rápida cuya función principal es la energética. Cuando su presencia en la dieta es excesiva y no se ajusta al gasto calórico del niño y a un contexto dietético equilibrado, favorece el aumento del depósito graso corporal. El primer contacto con el sabor dulce se produce cuando el bebé prueba por primera vez la leche materna, que contiene lactosa (azúcar de la leche). A partir de ahí, a medida que se van incorporando alimentos a la dieta, el niño empieza a degustar nuevas fuentes naturales de azúcar como la fruta. El problema puede aparecer cuando se cae en la tentación de añadir azúcar a alimentos como yogures o zumos cítricos, entre otros, con la idea de favorecer su aceptación, además de aumentar el aporte energético y ayudar en el crecimiento. Este sería el inicio de la habituación al dulce, que mal administrado podría dar paso a futuros problemas de exceso de peso. Este sabor produce efecto placentero, pero momentáneo, y en cierto grado, un poco adictivo porque, una vez pasado, la tendencia es repetir para obtener de nuevo la misma sensación. Por otro lado, una elevada ingesta de azúcares provoca un pico de insulina que ayude a disminuir rápidamente el nivel de glucosa en sangre, que a su vez y a menudo, conduce a la necesidad de volver a tomar algo dulce de nuevo. Por tanto, en cuestión de hábitos, mejor actuar en las primeras etapas de la vida.

El azúcar, más presente de lo que pensamos

La recomendación es no superar el 10% de azúcares en las dietas infantiles

Muchas bebidas y alimentos elaborados expresamente para niños son dulces, con alto contenido en azúcar, hecho que incrementa la probabilidad de padecer sobrepeso y obesidad en la infancia. Los refrescos azucarados, los zumos envasados, el cacao en polvo, las galletas, los snacks, las golosinas, los cereales azucarados, la bollería… son alimentos cuyo sabor pone en evidencia su alto contenido en azúcar. Aún así, en ocasiones los azúcares simples son difíciles de esquivar pues están presentes en multitud de alimentos elaborados que a priori, por su sabor, pensamos que no los contienen. Por todo ello, es importante leer bien la lista de ingredientes de los productos en el supermercado antes de comprarlos.

Las recomendaciones actuales advierten que los azúcares simples se deberían reducir a menos del 10% de la ingesta calórica total.  Pero es difícil que la dieta de los niños siga esta recomendación, pues la mayor parte de las campañas publicitarias de alimentos y bebidas dirigidas este público fomentan el consumo de productos ricos no solo en azúcares, sino también en grasas, y/o sal. Además, los medios utilizados también abarcan las redes sociales, y el alcance publicitario es mucho más amplio, directo e influyente.

Qué hacer para reducir el consumo de azúcar en las dietas infantiles

Con todo lo expuesto, parece difícil que los niños, con la gran disponibilidad de alimentos que tienen a su alcance, consuman de forma habitual solo el 10% de las calorías de su dieta diaria en forma de "azúcares libres", el máximo recomendado. Sin embargo, desde el ámbito familiar y escolar se pueden llevar a cabo medidas prácticas para minimizar su consumo:

Ojear la tabla de valor nutricional de la etiqueta del alimento. En el apartado de “hidratos de carbono”, se especifica la cantidad de “azúcares”. Considerar que una cucharada de postre de azúcar son 7g; por tanto, si en el etiquetado indica que una ración de producto contiene 21g de azúcar, equivale a 3 cucharadas de azúcar.

Reconocer el azúcar escondido en alimentos de consumo diario y que contribuyen al aporte de azúcares en la dieta habitual. Podemos encontrar azúcares simples en forma de: glucosa, sacarosa, fructosa, miel, dextrosa, maltosa, concentrados de zumos de frutas, jarabes de fructosa, etc. Y ciertos productos como panes de molde, cereales de desayuno, salsas o determinados snacks contienen azúcares, aunque de entrada no nos lo parezca.

Evitar el consumo de bebidas azucaradas. Son muchas las bebidas envasadas que contienen azúcar añadido, incluso los zumos de fruta (en este caso optar por lo que menos azúcares simples incluyen). Siempre es mejor la opción de comer una fruta fresca entera.

En cuestión de alimentos dulces, mejor opciones como bizcochos o galletas caseras, en las que la cantidad de azúcar añadido está bajo nuestro control y los alimentos utilizados son frescos.

No enmascarar el sabor naturalmente dulces de frutas, zumos, leche… añadiendo azúcar

Lo ideal es realizar entre 4-5 comidas al día y importancia de una buen desayuno, el tentempié de media mañana y la merienda. Permiten incluir productos de gran interés nutricional como lácteos, frutas naturales, bocadillos diversos y algún bizcocho o dulce de vez en cuando, y facilitan la organización de una dieta saludable porque fracciona el total de alimentos del día. Mejor que no resulte excesiva, para mantener el apetito a la hora de la cena.